Señor Presidente Abelardo de la Espriella:
Reciba un cordial saludo y mis mejores deseos de éxito al iniciar la enorme responsabilidad de conducir los destinos de Colombia. Gobernar nuestro país implica tomar decisiones que respondan a las necesidades del presente, pero también sembrar las bases del desarrollo que las futuras generaciones merecen.
Desde La Guajira quiero compartirle una reflexión nacida del profundo cariño por esta tierra y de la convicción de que su gobierno tiene la oportunidad de impulsar una transformación que beneficie tanto al departamento como a Colombia.
La Guajira es un territorio privilegiado. Sus paisajes, su riqueza cultural y la fortaleza de su gente la convierten en una región única. Pero existe un recurso que hoy adquiere una importancia estratégica para el mundo: el viento. Los expertos coinciden en que nuestro departamento posee uno de los mayores potenciales eólicos de América Latina, una ventaja natural que puede convertir a Colombia en un referente de la transición energética.
Sin embargo, el verdadero desafío no es únicamente producir energía limpia. El gran reto consiste en lograr que esa riqueza natural se traduzca en bienestar para las comunidades, en empleo para nuestros jóvenes y en oportunidades para quienes han esperado durante décadas un desarrollo más equitativo.
Por eso, señor Presidente, me permito proponerle que La Guajira sea protagonista de una de las grandes apuestas de su gobierno: la consolidación de nuevos parques eólicos que conviertan al departamento en el corazón de las energías renovables del país.
No se trata simplemente de instalar aerogeneradores. Se trata de construir un modelo de desarrollo donde la energía impulse la economía, fortalezca la infraestructura, atraiga inversión responsable y genere miles de empleos directos e indirectos. Se trata de demostrar que la transición energética puede ser también una transición hacia una mejor calidad de vida para los colombianos.
Esta visión debe tener como eje el respeto por las comunidades indígenas Wayuu. Su participación mediante procesos de diálogo y concertación será fundamental para garantizar proyectos sostenibles y duraderos. El desarrollo solo es legítimo cuando se construye con las comunidades y no de espaldas a ellas.
También considero que esta apuesta debe ir acompañada de una decidida inversión en el conocimiento. En ese propósito, la Universidad de La Guajira está llamada a desempeñar un papel estratégico. Nuestra universidad puede convertirse en el principal centro de formación e investigación en energías renovables del Caribe colombiano.
Fortalecer la Universidad de La Guajira mediante nuevos programas académicos, laboratorios especializados, proyectos de investigación y alianzas con empresas del sector energético no solo beneficiaría al departamento, sino que convertiría a Colombia en un referente latinoamericano en innovación y formación para la transición energética. La mejor inversión que puede hacer un país es aquella que combina infraestructura con educación.
Asimismo, sería esperanzador que una parte importante de los beneficios generados por estos proyectos permaneciera en el territorio. Más acceso al agua potable, mejores hospitales, instituciones educativas fortalecidas, vías modernas, conectividad digital y programas de emprendimiento serían la mejor demostración de que la riqueza producida por el viento también transforma la vida de quienes habitan esta región.
Señor Presidente, La Guajira no quiere ser vista únicamente como un territorio con enormes recursos naturales. Quiere ser reconocida como un departamento que aporta conocimiento, innovación, talento y desarrollo para Colombia. Tenemos el potencial, tenemos una universidad comprometida con el progreso regional y tenemos una juventud que sueña con construir su futuro sin tener que abandonar la tierra donde nació.
Estoy convencido de que su gobierno puede convertir esa aspiración en una realidad. Hacer de La Guajira la capital colombiana de la energía eólica significaría impulsar una economía más sostenible, fortalecer la seguridad energética del país y ofrecer nuevas oportunidades para miles de familias.
Los grandes gobernantes son recordados por las decisiones que transforman regiones enteras. Confío en que usted sabrá mirar hacia La Guajira no solo como un territorio de inmensas riquezas naturales, sino como un aliado estratégico para construir una Colombia más moderna, competitiva y sostenible.
Ojalá que, al finalizar su mandato, podamos afirmar con orgullo que fue durante su gobierno cuando los vientos de La Guajira dejaron de ser únicamente un regalo de la naturaleza y se convirtieron en una fuente de progreso, conocimiento, empleo y esperanza para todo un pueblo.
Con respeto y optimismo,
Sait Ibarra Lopesierra

