CUANDO DIOS TIENE LA ÚLTIMA PALABRA

“Llegó el día trece del mes de Adar, cuando debía cumplirse la orden del rey para que los judíos fueran destruidos. ¡Pero ocurrió lo contrario, porque ese día los judíos triunfaron sobre sus enemigos! En todas las provincias del reino de Asuero, los judíos se reunieron en sus respectivas ciudades, dispuestos a atacar a cualquiera que les quisiera hacer daño. Pero nadie se atrevió a hacerles frente, porque ahora todos les tenían miedo. Además, por miedo a Mardoqueo, todas las autoridades ayudaron a los judíos, pues ahora él tenía un puesto muy importante en el reino. Mardoqueo se hizo muy famoso en todas las provincias, y cada vez tenía más poder.”  Ester 9:1-4 TLA

Esta es tal vez la frase más poderosa de este capítulo: «Pero ocurrió lo contrario» y entonces lo que parecía definitivo e ineludible se convirtió en la muestra irrefutable y extraordinaria de que siempre Dios tendrá la última palabra.

Durante meses, los enemigos de los judíos esperaron con ansías el día de su destrucción, Amán había dispuesto todo cuidadosamente para su exterminio, valiéndose de la mentira, la manipulación y el abuso de poder para sus propósitos… todo parecía estar en contra del pueblo, existía un decreto oficial, había una fecha establecida y aparentemente no había forma de revertir la situación.

¡Sin embargo, ocurrió lo contrario! Y como quien dice, se quedaron con los crespos hechos.

Lo que más me asombra de este libro es que, aunque el nombre de Dios no aparece explícitamente, su presencia es evidente en cada acontecimiento, la elección de Ester como reina, la noche de insomnio del rey, el descubrimiento del acto de lealtad de Mardoqueo y la caída de Amán no fueron coincidencias, fueron manifestaciones de la providencia y soberanía de Dios obrando detrás de cada suceso.

Esto nos recuerda una gran verdad: «Muchos pensamientos hay en el corazón del hombre; más el consejo de Jehová permanecerá» (Proverbios 19:21).

El hombre puede planear, conspirar, hablar, manipular o intentar perjudicar a otros, pero ninguna estrategia humana puede prevalecer sobre los propósitos de Dios.

Ocurrió en la época de Ester y ocurre también en la actualidad. Nos encontramos con personas llenas de envidia, inconformidad o resentimiento, que simplemente no toleran ver el crecimiento, el favor o los logros de otros. Como consecuencia, enfrentamos oposición, críticas, chismes, juicios injustos, descalificaciones o intentos de desacreditarnos y en medio de esas situaciones nos preguntarnos: ¿Por qué pasa esto si lo único que procuramos es actuar correctamente?

La Biblia nos muestra que esto no es nuevo, vemos como José fue rechazado por sus propios hermanos debido a la envidia (Génesis 37:11); David fue perseguido por Saúl porque veía cómo Dios lo prosperaba (1 Samuel 18:8-9); Daniel fue objeto de conspiraciones porque sobresalía en integridad y excelencia (Daniel 6:3-4); y Mardoqueo enfrentó el odio de Amán simplemente por mantenerse firme en sus convicciones (Ester 3:5-6).

Estas historias son muestra de que, muchas veces, la oposición no brota por haber hecho algo malo, sino porque la luz incomoda a quienes prefieren permanecer en la oscuridad. Jesús mismo lo explicó cuando dijo: “Y esta es la condenación: que la luz vino al mundo, y los hombres amaron más las tinieblas que la luz” (Juan 3:19).

Sin embargo, la voluntad de Dios nunca será que nos pongamos al mismo nivel de quienes nos atacan, sino que confiemos en que Él es quien defiende nuestra causa. Como afirma el Salmo 37:5-6: “Encomienda a Jehová tu camino, y confía en él; y él hará. Exhibirá tu justicia como la luz, y tu derecho como el mediodía”.

Algo que me gusta mucho de esta historia es que nos enseña que vivir bajo la protección de Dios no significa vivir sin problemas, los judíos tuvieron que enfrentar el peligro, Ester tuvo que arriesgar su vida y Mardoqueo atravesó momentos difíciles, pero Dios estuvo con ellos en medio de cada situación. Por eso el Salmo 91 declara: «El que habita al abrigo del Altísimo morará bajo la sombra del Omnipotente» (Salmo 91:1).

Habitar bajo su sombra no significa vivir sin problemas, sino vivir sabiendo que Él nos dirige, nos guarda y nos ayuda a vencer cada uno de ellos… entendiendo que nuestra seguridad no depende de las circunstancias ni de la opinión de las personas, sino de su fidelidad.

Por otra parte, también es admirable la actitud de Mardoqueo y la vemos en casi todos los capítulos, su conducta estuvo guiada por la integridad. Cuando descubrió el complot contra el rey, lo denunció; cuando enfrentó la presión para inclinarse ante Amán, permaneció firme en sus convicciones; cuando conoció el decreto que lo condenaba a morir no hizo un reclamo, sino que clamo a Dios.

Y esto es importante, porque vivimos en una sociedad que nos impulsa a competir, a pasar por encima de los demás, a compararnos con otros, a anhelar el poder, una posición o la exaltación. Lo cierto es que, cuando Dios determina sostener a una persona, ninguna oposición humana puede derribarla, porque no vence el más fuerte, el más influyente o el más popular, sino a aquel que permanece fiel al Señor y confía en su soberanía.

Por eso, el mayor desafío no es ver caer a quienes desean nuestro mal, sino tener un corazón limpio delante de Dios mientras enfrentamos la dificultad.

En conclusión, este capítulo nos recuerda que, Dios es especialista en revertir situaciones y cuando El interviene, la historia cambia y aquello que parece destinado a destruirnos puede convertirse en nuestra mayor bendición, lo que otros planean para nuestro mal puede ser transformado para bien, tal como José declaró: «Vosotros pensasteis mal contra mí, más Dios lo encaminó a bien» (Génesis 50:20).

Por eso, nuestra confianza no está puesta en circunstancias favorables, ni en la aprobación de otros, ni siquiera en nuestras capacidades, sino en la certeza de que Dios sigue gobernando aun cuando parece que estamos solos. El mismo Dios que sostuvo a Ester y a Mardoqueo sostiene a quienes caminan en rectitud delante de Él y aunque muchas veces no entendamos lo que sucede, podemos descansar en que ningún plan humano puede frustrar sus propósitos. Porque cuando Él tiene la última palabra, los planes del enemigo fracasan, la verdad sale a la luz y termina ocurriendo exactamente lo contrario de lo que otros habían planeado.

 

Vicky Pinedo 

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