LO QUE EL OLVIDO LE DEBE A FRANCISCO EL HOMBRE Y LO QUE LA SERIE LE DEVUELVE

Hay preguntas que uno no sabe que carga hasta que alguien las hace en voz alta.

Cuando me senté a conversar con el director Fabián Moreno un bogotano profundamente enamorado de las historias del Caribe y de esa Colombia profunda que muchos prefieren ignorar entendí que estaba frente a alguien empeñado en rescatar del olvido aquello que nos define. A su lado estaba el productor Carlos Alberto Reyes. Juntos, este dúo le dio vida a Francisco el Hombre, la serie que se estrenará el próximo 31 de agosto por Telecaribe.

Llegué a ese encuentro con una larga lista de preguntas, pero también con la intuición de que detrás de esa producción había algo más grande que una historia: había una apuesta por la memoria, la identidad y el alma del Caribe.

Preguntas sobre fuentes históricas, sobre locaciones, sobre el duelo con el Demonio, sobre cuánto talento guajiro participó en la producción. Preguntas periodísticas, legítimas, necesarias.

Pero la pregunta que me hicieron ellos a mí sin decirla fue diferente.

 ¿Qué significa para ti que alguien haya decidido contar esta historia?

 Y ahí me quebré un poco por dentro.

Soy tataranieta de Francisco Moscote Guerra. Francisco el Hombre.

Durante toda mi vida eso ha sido simultáneamente un orgullo y una pregunta sin respuesta. Un orgullo porque su nombre abre puertas, porque su música es Patrimonio de los Colombianos, porque la leyenda del duelo con el Demonio es una de las historias más poderosas que ha producido este país.

Una pregunta sin respuesta porque durante décadas esa historia vivió únicamente en la oralidad en los relatos de los mayores, en los libros de folclor, en las notas al pie de los manuales de vallenato.

Nunca en una pantalla. Nunca con el peso y la permanencia de una producción audiovisual que la instale en la memoria colectiva de manera definitiva.

Hasta ahora.

Le pregunté al director si la serie debía entenderse como una biografía de Francisco Moscote o como una ficción inspirada en el mito.

Su respuesta me pareció la más honesta que podía dar: es las dos cosas al mismo tiempo. Porque Francisco el Hombre es las dos cosas al mismo tiempo. El hombre real Francisco Moscote Guerra, nacido en Galán, que recorrió el Caribe con su acordeón, que vivió la Guerra de los Mil Días, que compuso canciones que todavía se cantan y el símbolo, el arquetipo, el juglar que enfrentó al Demonio y ganó tocando el Credo al revés.

Separar las dos cosas sería empobrecer la historia. Fundirlas sin rigor sería mentirla. “Me inspiré en él para hacer un relato de ficción y no biográfico”.

Le pregunté cómo equilibraron la historia documentada, la tradición oral y la libertad dramática del guion. Me habló de historiadores, de músicos, de investigadores, de comunidades en Riohacha, en Galán, en Machobayo. De voces que llevan décadas guardando fragmentos de una vida que nadie se había tomado el trabajo de reunir en un solo relato audiovisual.

Hay algo en la pregunta sobre el duelo con el Demonio que me parece el nudo central de toda la serie.

Porque ese duelo no es solo una leyenda folclórica. Es la metáfora más poderosa que tiene La Guajira para hablar de sí misma. La imagen de un hombre solo, en un camino oscuro, enfrentando una fuerza que parece invencible y venciéndola no con armas sino con música, con talento, con la inteligencia de quien conoce sus propias raíces mejor que el adversario.

Eso somos nosotros. Los guajiros no huimos del diablo. Le tocamos música hasta vencerlo.

Le pregunté cómo decidieron representar ese momento sin reducirlo a folclor superficial. Me respondió que la clave estuvo en tratar el duelo no como un evento sobrenatural aislado sino como el punto donde convergen todas las tensiones de la vida de Francisco: su fe, su rebeldía, su identidad, su música. El Demonio no es un personaje de cuento es la representación de todo lo que intenta apagar la llama de quien se atreve a ser distinto.

Eso me pareció profundo. Y, sobre todo, verdadero.

Por eso le pregunté cuánto talento guajiro había participado en la producción. La respuesta importa, y mucho. En una época en la que las industrias culturales pueden convertirse en motores reales de economía local, una serie sobre Francisco el Hombre que no incorporara a la gente de La Guajira y del Caribe habría sido una oportunidad perdida; una herida más en la memoria.

Pero ocurrió lo contrario. La producción convocó a 167 actores, de los cuales cerca del 80% son talento local. Entre ellos está Víctor Navarro, acordeonero y actor colombiano, quien interpreta al juglar vallenato. También está Priscilla Gómez, actriz, bailarina clásica y artista multidisciplinaria reconocida internacionalmente, quien asume uno de los retos más complejos de la serie: encarnar el alma femenina y el gran amor del protagonista. En la trama, marcada por una maldición del diablo, Priscilla interpreta tres personajes distintos en diferentes épocas históricas.

A ellos se suman músicos, extras, vestuaristas, asesores culturales y trabajadores de La Guajira y de la Costa Caribe. En total, cerca de 900 personas hicieron parte de esta apuesta colectiva. Y eso cambia el sentido de la producción: ya no se trata solo de contar una historia sobre el territorio, sino de permitir que el territorio participe en la forma de contarla.

Le pregunté qué lugar ocupa La Guajira en la serie si es solo escenario o también personaje.

Me dijo que es personaje. Que el Caribe guajiro, el desierto, el mar, las rancherías, los caminos polvorientos por donde Francisco caminó son parte de la historia, no solo el fondo donde ocurre.

Al final le hice la pregunta que más me costó formular:

Si Francisco el Hombre pudiera ver esta serie, ¿qué creen que diría?

Hubo un silencio. Largo. El tipo de silencio que indica que la pregunta llegó a donde debía llegar.

Luego me respondió algo que no voy a citar textualmente porque merece ser escuchado en su propia voz el día del estreno.

Lo que sí puedo decir es que salí de esa conversación con una certeza que no tenía antes

Esta serie no es solo una producción audiovisual. Es un acto de justicia cultural.

Francisco Moscote Guerra vivió, tocó, amó, sufrió y murió en este Caribe. Su música fundó un género que hoy suena en todo el mundo. Su leyenda define parte de la identidad de un territorio entero.

Le pregunté qué esperan que sienta un niño guajiro cuando vea esta serie.

Y pensé en algo inevitable: durante décadas, Colombia le debió a Francisco el Hombre lo que más duele deber… el olvido.

Pero el próximo 31 de agosto, cuando Telecaribe estrene esta historia, algo va a cambiar.

Un niño guajiro verá por primera vez en una pantalla a alguien que se parece a su tierra; que habla con sus palabras, que camina bajo el mismo sol inclemente y carga el mismo viento seco en la espalda. Y quizá entienda, sin que nadie tenga que explicárselo, que su tierra no es un punto perdido en el mapa: es origen, es memoria, es leyenda.

Que su tierra tiene historia.

Que su historia tiene nombre.

 Y que ese nombre es Francisco el Hombre.

Pero también entenderá algo más profundo: que las leyendas no terminan cuando se cuentan, sino cuando se olvidan.

Y en mi familia hemos tomado una decisión silenciosa pero firme: no dejar que eso ocurra. Porque este legado no nos pertenece; nosotros le pertenecemos a él. Somos apenas sus guardianes de paso. Y mientras tengamos voz, memoria y camino, vamos a salvaguardarlo, a honrarlo y a llevarlo más allá de nuestras fronteras, hasta esos lugares del mundo donde todavía nadie ha escuchado el eco de su acordeón.

Porque las historias que nacen del polvo, del viento y de la resistencia no fueron hechas para quedarse quietas. Fueron hechas para viajar. Y esta apenas comienza.

 

Juana Cordero Moscote 

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Un comentario de “LO QUE EL OLVIDO LE DEBE A FRANCISCO EL HOMBRE Y LO QUE LA SERIE LE DEVUELVE

  1. Esther D. dice:

    …Y entenderá que su valor como Guajiro y como Colombiano es incalculable. Gracias Juana por todo lo que haces por nuestra cultura y por la memoria del gran Francisco Moscote. Un gran apellido.

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