EL SOFISMA CHAR

El andamiaje del gigantesco entramado de corrupción denunciado por Aida Merlano pone en evidencia no solamente la gran estafa administrativa y política montada en Barranquilla y el Atlántico, por la familia Char y su círculo corrupto. Emergen fenómenos relacionados con la vergonzosa aquiescencia de los órganos judiciales y de control. Simultáneamente apreciamos las ambigüedades, falacias e hipocresía del presidente Duque, quien en un acto de inigualable cinismo solicitó la extradición de Merlano al “gobierno del Presidente Guaidó”. El “esfuerzo” realizado en este caso, se asemeja a los “esfuerzos” consumados para solicitar la extradición de Mancuso desde los Estados Unidos.

Estamos ante la más descarada concupiscencia del poder, en la que episodios sexuales y venales corren paralelos. La reedición de Sodoma y Gomorra. Esa insolente liviandad trascurre justamente ante la complicidad e inoperancia de organismos judiciales y de control. Ninguna prueba por solida e irrefutable conmueve los grados de desfachatez.  No disimulan en absoluto. No obstante, la insoportable impunidad y el espectáculo de podredumbre subyacente, los está llevando al colapso, al desmoronamiento de su poderío.

Lo que merodea alrededor de la familia Char es sumamente escabroso, su inmenso poder ha logrado penetrar las instancias cimeras del poder nacional, irrumpen sus turbias relaciones con la Procuraduría, Fiscalía y demás órganos de poder, lo cual torna imposible alguna investigación en su contra y más bien a aquellos que osan enfrentarlos directa o indirectamente, o que por desgracia quedan inmersos en algún episodio o evento en los que se entrecruzan los intereses de ellos, son víctimas de persecución, o les fabrican procesos, les invierten los acervos probatorios. Se reproduce lo que está ocurriendo con el proceso de Uribe en la Fiscalía y la Procuraduría. Lo estamos observando con el asunto de la exministra de las TICS, Karen Abudinen, cuota de la poderosa familia Char. La exministra ahora funge como víctima y acusadora. Los denunciantes pasan a censurados y difamados, de victimas a victimarios. Tal situación la está padeciendo en carne propia el señor Enrique Guzmán Chams con el asunto del Tanque Elevado.

Esos súper poderosos; como sus áulicos los perciben o ellos mismos se describen: son intocables. Constituyen una réplica regional de que lo que sucede con Uribe a nivel nacional. Fiscalía y Procuraduría no se conforman con hacerse los locos, van más allá, llegan al extremo de ponerse abierta y descaradamente a su servicio.  Fungen como sus defensores de oficio.  Pero a ambos se les está cayendo el teflón. Merlano, quien tiene elementos y argumentos de sobra para calificarlos, considera a los Char con una capacidad destructiva superior a la de Pablo Escobar. Eso son palabras mayores, nos pone frente a una familia absolutamente perversa, con una ambición ilimitada por el poder y la riqueza.

Otro de los hechos relevantes es el hundimiento del mito del gran y eficiente ejercicio de gobierno, y paralelamente se precipita la parafernalia del cemento y del ladrillo que, mantuvo en vilo a tirios y troyanos, nunca se afianzó como muestra de un gran gobierno. Esa imagen prefabricada solo mantiene visos de verdad entre sus más incondicionales lacayos y ante algún sector despistado de la ciudadanía barranquillera. Terminó derrumbándose por el lado más inesperado.

Los tentáculos del Clan que ha manejado a su antojo al departamento del Atlántico trascienden a los terrenos del deporte, negocios de droguerías, supermercados, servicios financieros, medios de comunicación, etc. Todo un Holding empresarial. Articulado a su vez con una inmensa maquinaria político-electoral que determina el funcionamiento de las administraciones departamentales y Distritales como apéndices, de ese Holding. Pero así mismo y tal como indican las argucias que están saliendo a flote, hacen gala de una capacidad corruptora inimaginable. Allí reside otro de los grandes mitos o sofismas derrumbado: el del empresario generador de empleo. Se ratifica que los empresarios llegan a la actividad política a continuar expandiendo sus negocios, multiplicar sus ganancias. De manera que es una pésima idea la incursión de los empresarios en la política. En la Antigua Grecia se predicaba la necesidad de entregar los cargos de gobierno a filósofos y maestros. En la Costa e inclusive en Colombia se asume erróneamente a los empresarios- candidatos como una panacea. Nada más lejano. Múltiples ejemplos nos confirman que van a seguir haciendo lo que saben hacer: negocios. Y la política en su acepción exacta se encuentra distante de esos quehaceres

Un hecho resonante dentro de esa interminable lujuria venal es el caso emblemático del contrato del Mega Tanque, suscrito por un valor inicial de $ 23 mil millones, en este suceso contractual salen a relucir: “coimas”, incumplimiento en la ejecución, sobornos, presión judicial, adiciones injustificadas, falsedad en documentos privado, fraude procesal, amenazas de muerte y chantajes jurídicos a cargo del entorno cercano de Char y en contra de Luis Enrique Guzmán Chams. Usan el nombre de la actual Procuradora como agente intimidante.

Sin embargo, el cúmulo de atrocidades administrativas y contractuales se remonta al mes de agosto de 2006 cuando la firma Unión Temporal Barranquilla Hacia el Futuro, es seleccionada para ejecutar la construcción de la Avenida el Rio, cuyo valor era de $ 27, 300 millones de pesos y de la cual Alejandro Char, para ese entonces candidato a la alcaldía de la ciudad, era miembro prominente de esa firma. Para no inhabilitarse le cede su participación accionaria a Miguel Nule Velilla, embrollado a la sazón en el carrusel de la contratación de Bogotá. En este contrato se puede ubicar la génesis de la espantosa trama corrupta que ha asediado durante más de una década a la ciudad de Barranquilla y al departamento del Atlántico. La obra terminó cancelándose en su totalidad en abril de 2009, cuando Char era alcalde y aún tenía un faltante de ejecución del 50%. Esa es una, entre las flagrantes irregularidades que han rodeado la ejecución de esa obra.

Los fenómenos de corrupción por razones de espacio solo fueron mencionados tangencialmente en esta columna, apenas constituyen la punta del iceberg, quedan pendientes los asuntos de Odebrecth que también tocan a esa familia. Igualmente, los casos de los fallidos proyectos de vivienda de los barrios Campo Alegre y Ciudad Jardín, entre varios.

En economía existe un concepto denominado: “ilusión monetaria”, usado para referirse a la felicidad que embarga a un individuo cuando le incrementan su salario en términos nominales, pero que en la práctica o en términos reales no le alcanzará para comprar las mismas cosas de antes, tal vez podrá comprar menos. Usaremos dicho símil para retratar el espejismo con que los barranquilleros asimilan lo ocurrido en su ciudad con los gobiernos recientes, y ostentados directa o indirectamente bajo la férula de la familia Char, la “ilusión del cemento” o del ladrillo, por encima de la respuesta o la solución del conocimiento, de la educación, la salud y la nutrición.  Es decir, en teoría tienen una gama de obras físicas, pero en la práctica son más pobres que antes, y lo peor, ese conjunto de obras materiales, físicas, se han ejecutado – como hemos señalado arriba-, en medio de la más oprobiosa confabulación ilícita. Deficientemente ejecutadas y a un elevado costo económico y presupuestal.

Las consecuencias de ese modelo administrativo, amén de las degradantes consecuencias deshonestas, simultáneamente se ha traducido en: inseguridad, desempleo, sistema de transporte masivo hecho trizas y muchas asignaturas pendientes en materia económica y social. Barranquilla es la ciudad del país donde el hambre golpea con mayor rigor. Pero en cambio se han dilapidado más de 24 billones de pesos en las veleidades de los súper megaproyectos, cundidos de una alta dosis de corrupción. Modelo del que pueden jactarse y disfrutar solo unos cuantos. Es una ciudad administrada por ingenieros y cuyos planes son cortoplacistas. No existe planeación prospectiva, el día a día predomina, lo mismo que los intereses de una elite.

El ilustre economista y docente universitario Jairo Parada señala que en “2008, según Terradata, los barranquilleros aportábamos per cápita $ 89.032 anuales para sostener el Distrito. En 2017 ya pagábamos $ 214.235, sufriendo un incremento en la recaudación del 140,6%. Me pregunto: ¿a quién se le incrementaron los ingresos en ese porcentaje para soportar esos incrementos?, creo que solo a los contratistas preferidos de Char “Dice Parada en una de sus columnas. Simultáneamente, los avaluos catastrales subieron en términos reales en un 64%, mientras los predios solo en un 16%, en el periodo de 2009 a 2018. Todas las obras que se hicieron en Barranquilla se han financiado en buena medida con los recursos de los ciudadanos, incluidos los monumentos que a veces se le “regalan” a la ciudad, indica el economista.

“Siguiendo el orden económico, un informe de Fundesarrollo, muestra que la ciudad terminó el 2018 con una deuda pública de más de $1,14 billones, comparada con los ingresos corrientes del Distrito, ya era del 90%, mientras que en el 2010 era apenas del 59%, lo cual revela el apretón en el flujo de caja que se irá agravando en los próximos años. Se ven las obras, pero también las tremendas deudas que tendremos que cubrir. El informe es explícito en manifestar su preocupación por las vigencias futuras hasta el 2035 y los problemas de estimación de los pasivos contingentes, lo cual implica depurar más los balances.”

Esa cultura del cemento, si bien es un asunto sistemático en el plano nacional; en el Caribe se exalta a niveles apoteósicos. Esa ilusión del cemento o del ladrillo es el deporte nacional por excelencia de los alcaldes y gobernadores del Caribe. Es una enfermedad administrativa y gerencial.

Finalmente, es clamorosa la superficialidad de Char, es un candidato atípico, no va a debates, no opina, basa su proselitismo en el Tik Tok. Eso sí: despliega extraordinarias dotes de bailarín y no se desprende de su gorra por nada. Es lo que llamaríamos en el Caribe: un bacán, pero rodeado de un entorno y unos antecedentes excesivamente sórdidos.

José Luis Arredondo Mejía

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Un comentario de “EL SOFISMA CHAR

  1. Fabián Enrique Araujo Polo dice:

    Muy buen retrato del clan Char,se creen los dueños de la ciudad,yo manejo la denuncia por despojo de los terrenos de la loma de Barranquilla,y ante la fiscalía el proceso penal no se mueve para nada teniendo todas las pruebas a favor que demuestran que son terrenos privados,son ya 13 años de trámites legales que nos favorecen,en mi calidad de abogado representante de los propietarios legítimos de estos terrenos,la fiscalía y procuraduría están secuestradas por el clan Char,para sepultar las investigaciones en su contra,que vergüenza la que invade a este país.

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