EL WESTERN MODERNO

La simplificación y esquematismo en torno a la invasión rusa, absorbido irreflexivamente por la derecha colombiana, es alarmante. Su reduccionismo se limita a escarbar razones en los rasgos personales de Putin. Lo describen como un dictador, una mente patológica, psicopática, sedienta de sangre. En el delirio surgido del marcado sesgo ideológico, trascienden y encuentran analogías entre las personalidades del mandatario ruso y Petro. La insania de quienes están aferrados al poder en Colombia rompe cánones de cordura. La insensatez los ha llevado a endilgarle a Petro versiones tergiversadas, atribuirle aseveraciones que no ha expresado, y como último rasgo de locura y miedo que les acomete, han bosquejado un hilo conductor y similitudes entre Petro y Putin que, únicamente existen en sus desvaríos mentales. Los tiene trastornados el avance electoral de Petro. Cabe preguntarse ¿Cómo interpretan el silencio y aquiescencia de Bolsonaro respecto a la invasión? El mandatario brasileño, “parcero de la extrema derecha colombiana apoya tácitamente a Rusia. Su conducta desmantela estruendosamente el estereotipo forjado. Peor aún: ¿Cómo interpretarán el viraje dado por Estados Unidos con respecto a Venezuela?

Esos mismos que ayer se opusieron y siguen haciéndolo, al Acuerdo de Paz, sustentados en artilugios falaces, hoy posan de abanderados del pacifismo, se oponen frenéticamente a la invasión. Imposible topar un mar de contradicciones e incoherencias semejantes. En consonancia con el pensamiento único que, los medios occidentales nos tratan de imponer, han asimilado la coyuntura bélica ruso-ucraniana a una especie de Western contemporáneo, dicotomía entre buenos y malos. Los rusos como los malos de la película y los gringos y su comparsa, los buenos. Ni lo uno ni lo otro. Estamos ante el juego de la geopolítica mundial y sus intereses económicos, geográficos, militares.

El cinismo es monumental, varios países de Europa, aportantes de sustanciales sumas de dinero, armamento en especie y demás contribuciones para fortalecer la capacidad militar ucraniana, siguen comprando el gas ruso. “Que la mano izquierda no sepa lo que haces con la derecha”. Para completar, varias empresas importantes de Estados Unidos como Macdonals, KFC, Coca Cola, Starbucks, Burger King y PepsiCo se niegan a abandonar Rusia. El negocio socio.

Los recursos “donados” para exacerbar y prolongar el conflicto superan con creces los requeridos para mitigar el hambre y la sed en cualquier rincón del mundo subdesarrollado. En cambio, brillan por su ausencia, tentativas orientadas a generar dialogo entre las partes en conflicto. El interés no apunta a impedir un genocidio en esa guerra, el objetivo es derrotar y demoler a Rusia y despojar a China de un aliado fundamental. Pululan sanciones de toda índole: deportivas, económicas, bloqueos comerciales y financieros y todo lo que contribuya al debilitamiento de Rusia. Si deben morir miles, es lo de menos, lo demás es el retorno al predominio imperialista de países como Estados Unidos y sus aliados más cercanos, en franca decadencia y cuyo liderazgo unipolar dejó de ser una realidad. Siguen empeñados en evitar la conformación de diferentes bloqueos globales, y la propensión creciente a que China sea la próxima gran potencia mundial. No hay que perder de vista que la industria militar norteamericana reactiva su economía en los escenarios bélicos. Lo paradójico es que priorizar la estrategia de las sanciones sobre el dialogo afecta la recuperación económica mundial. Terminamos perdiendo los ciudadanos del común.

El ex cómico televisivo que ahora funge como presidente de Ucrania, hace poco ordenaba exterminar habitantes de las pro rusas provincias de Donestk y Lugansk en la región del Donbás.  Saltó en un santiamén de villano a héroe. Ayer era un asesino étnico. Complotado con su ex patrón, dueño del canal televisivo donde actuaba – en enormes actos de corrupción-, hoy es el gran “ídolo” mundial. Ahora los ucranianos están investidos de multiples virtudes, le son conferidas atribuciones que, antaño se les despojaron a los pueblos de la provincia del Donbás, estrecha y étnicamente emparentados con la nación rusa.

Algo similar viene sucediendo con el sufrido y maltratado pueblo palestino. Israel con la complacencia, apoyo e indulgencia de Estados Unidos bombardea, masacra, cuando les viene en gana. Ni las más dolorosas imágenes de la humillación a que son sometidos, convocan solidaridad y sensibilidad mundiales, no hay condena, rechazo ni aislamiento a la nación judía. Hipocresía en su máxima expresión. Son tan merecedores de compasión y solidaridad los palestinos, como los ucranianos. Interpretación sesgada y unilateral, explicada por el lobby de la comunidad judía en la nación del Tío Sam. Los judíos constituyen una de las minorías raciales con formidable poder económico y político en Estados Unidos.

Sin embargo, paradójicamente Israel ha mantenido una posición ambigua ante la invasión. El predominio, simpatías e institucionalización del gobierno ucraniano con antiguas milicias y batallones vinculados a la ideología neonazi, emparentados con la extrema derecha norteamericana y que a su vez son aliados de la OTAN, tienen al gobierno judío molesto.

Guerra es guerra aquí y en Cafarnaúm, las atrocidades, situaciones sensibles, injusticias, destrucción y depredación emanadas de un conflicto en cualquier lugar del mundo son lamentables. Es asombrosa la inmoralidad y desfachatez de las potencias occidentales, de sus secuaces europeos y sus conmilitones en países del tercer mundo. Han cerrado y prohibido la operación de medios rusos. Solo se puede acceder a información difundida por medios masivos controlados por magnates occidentales. La estela de noticias, el cúmulo informativo son contradictorios e ininteligibles. Obviamente los rusos y sus medios también manipulan información. La primera víctima de la guerra es la verdad

El cubrimiento cuasi monopólico de la guerra por medios occidentales, no se reduce al sesgo descarado. También hace gala de una narrativa racista, los reporteros de guerra occidentales al hacer comparaciones con la guerra que se libra en el Medio Oriente se excedieron en el talante discriminatorio, causando la esperada indignación en el mundo árabe. Expresiones como la del corresponsal extranjero de CBS News: “Este no es un lugar, con el debido respeto, como Irak o Afganistán que ha sufrido un conflicto durante décadas”. Refiriéndose a Ucrania dijo” Sabes, esta es una ciudad relativamente civilizada, relativamente europea”. Posteriormente se disculpó. Otros medios de comunicación se solidarizaron con las victimas ucranianas, y los entrevistados y los corresponsales señalaron que, a diferencia de los refugiados del Medio Oriente, las victimas ucranianas eran “blancas”, “cristianas”, de “clase media”, “rubias” “y de “ojos azules”. Los medios periodísticos de origen árabe con sede en Nueva York emitieron una declaración condenando la “mentalidad generalizada en el periodismo occidental de normalizar la tragedia” en lugares como el Medio Oriente.  Deshumanización total.

Una parte significativa del área y la población ucraniana son constitutivas de la identidad y espacio de influencia ruso, lo cual atenúa razones, ello no significa convalidar su invasión. Estados Unidos declara, invade y ejecuta guerras en los lugares más disimiles y recónditos del mundo, justificándolas como guerras por “la libertad”, la “independencia”, la “democracia” “la paz” y toda palabrería hueca que generalmente esgrime. No obstante, el mundo vive en guerra, en desigualdad, en pobreza e injusticia. Los calificativos dispensados a las cruzadas guerreristas que emprende, tienen la particularidad del relativismo.  Aplican un rasero diferente, y hacen caso omiso a cualquier tímido cuestionamiento a sus arbitrariedades y veleidades intrusivas.

Descalifican la decisión de Putin sondeando en su vida personal, en su evolución vital, quieren atribuir a supuestas desviaciones individuales, la justificación de su hipotético dislate. En cambio, esas evaluaciones psicológicas no son usadas con respecto a mandatarios norteamericano habituados frecuentemente a invasiones y destrucción de disimiles países, por lejano que se encuentren de su área de influencia y por lo tanto es indiferentes si representan o no algún peligro para su sobrevivencia y estabilidad. Los gringos no son asumidos como maniáticos, a pesar de que ese calificativo sería más factible, dado que sus mandatarios son producto de una sociedad en plena descomposición moral y ética. Jamás se ha indagado en los potenciales trastornos de alguno de ellos, para encontrar explicación a su propensión a invadir países a tutiplén.

A Putin lo equiparan con Hitler, le atribuyen vacíos en la personalidad, problemas de infancia, traumas, vacíos, búsqueda insaciable de poder. Con bastante probabilidad ostenta mayor juicio y capacidad de discernimiento que cualquier presidente norteamericano promedio. Despliega conocimiento de la situación geopolítica internacional, desnuda intención expansionista de la OTAN encabezada por Estados Unidos y secundadas por Europa Occidental, poniendo en riesgo la seguridad de su país.  Explica con claridad los múltiples diálogos fallidos propuestos por Rusia para preservar su seguridad. Occidente ha hecho mutis por el foro.

Entre los gobernantes gringos han proliferado personajes exóticos. Un país en el que el mundo del cine ha permeado su realidad. Se ha dado el lujo de elegir como presidentes: a un actor mediocre como Ronald Reagan, a magnates petroleros como los Bush, a un especulador financiero como Trump, en ellos escasean capacidad y condiciones para administrar, y mucho menos si se trata de la nación más poderosa del mundo. Basar en una supuesta vida llena de carencias y vacíos personales las razones de la decisión de Putin, es demasiado burdo, desvía la atención sobre los motivos profundos de la invasión. Los gringos permanentemente están intentando recuperar el liderazgo que día a día vienen cediéndole a China. Se valen de estrategias espurias.

Revisando algunas opiniones sobre el asunto me tropecé con una afirmación que raya en el humor, tomada a su vez por el autor, de varios expertos en el tema. La afirmación textualmente reza lo siguiente “desde 1945 solo ha habido tres agresiones violentas: Tíbet, Sahara Occidental y Crimea, y todas orquestadas por la misma persona: Putin. Salvo que nos puedan convencer que, los vocablos agresión y violenta tengan un significado completamente distinto al que le atribuimos la inmensa mayoría de personas, esa afirmación es un chiste colosal.  Por citar solo una barbaridad gringa: la invasión a Irak arrojó el balance entre civiles y militares de más de doscientas mil muertes. Fue una guerra absolutamente injusta y brutal, basada en mentiras, una ocupación violenta. ¿Será que el columnista cayó en el criterio fullero de la deshumanización de las guerras distintas a la de Ucrania?

Las informaciones recibidas de los medios que cubren la guerra son discordantes, por un lado, se habla de una feroz, digna y valiente respuesta ucraniana, mientras por el otro observamos, y no solo eso, confirmamos que se está gestando la mayor diáspora en la europea moderna:  cientos de miles de ucranianos huyendo de la guerra por las fronteras de países limítrofes como Polonia, Estonia, Rumania. Un éxodo calculado por encima de los dos millones. Mientras las autoridades ucranias atribuyen la lentitud en los avances militares rusos a esa heroica resistencia, las fuentes y el gobierno ruso la atribuyen a la tregua otorgada por ellos mismos, supeditada a la evolución de las conversaciones sostenidas por ambos países en pro de llegar a acuerdos. Lo cierto de todo ello es que, Rusia está controlando o asediando la mayor parte del territorio y ciudades que se encuentran aledañas a la frontera compartida con Ucrania. Ocupa una franja sustancial del territorio invadido.

Otro asunto en los cuales riñen las versiones, se relaciona con los “corredores humanitarios”, convenidos por las partes para facilitar salida y desplazamiento de población desde las ciudades en combate. Los unos les achacan a los otros la culpa que no estén operando. Tal como indican circunstancias de la invasión y la lógica militar, el gobierno ucraniano estaría utilizando su propia población civil como carne de cañón. En la presencia de esa población en ciudades asediadas por el ejército ruso encuentra blindaje, un estorbo para una ofensiva más cruda del invasor. Rusia, probablemente tratando de preservar la escasa legitimidad que le subsiste como ejército ocupante, prefiere no atacar abiertamente donde aún permanece esa población. Para ellos es preferible que no haya población civil a efectos de desarrollar su estrategia de guerra arrasada y entrar en combate franco donde indudablemente tienen mayor destreza. Ucrania hace lo posible por frenar el éxodo y desplazamiento de civiles. Prohibió la salida de hombres mayores de 18 y menores de 60 años.

José Luis Arredondo Mejía

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