LA CANCIÓN QUE SE LLEVÓ EL PUEBLO

Volví a escuchar hace pocos días Tan solo fueron siete palabras, de mi primo Enrique Luis “Curry” Carrascal. No llegué a ella buscando canciones antiguas ni revolviendo deliberadamente el baúl de los recuerdos. Fue la guitarra y la voz de Emiliano Enrique, el hijo de Coco Zuleta, las que me llevaron otra vez hasta ese canto. Y bastaron los primeros versos para que ocurriera lo que suele hacer la buena música: desaparecer el presente y devolvernos, sin pedir permiso, a un lugar donde alguna vez fuimos felices.

La canción de Curry tiene algo que siempre me ha conmovido. No habla simplemente de quien se marcha. Habla de lo que queda atrás cuando uno se va. El pueblo, los amigos, la novia, las calles, las costumbres, la crianza, los diciembres, el paisaje. Todo aquello que parece permanecer inmóvil cuando partimos, pero que también comienza a cambiar desde el instante mismo de nuestra ausencia. Quien se marcha lleva la ilusión de poder regresar algún día al lugar que dejó. La vida termina enseñándole que ese lugar ya no existe exactamente como lo recuerda.

Por estos días, cuando el calendario comienza lentamente a conducirnos hacia diciembre y San Juan empieza a prepararse para volver a encontrarse alrededor de su música, ese canto tiene para mí otra resonancia. San Juan del Cesar es también una suma de recuerdos. Las calles que conocimos, las casas de puertas abiertas, las conversaciones prolongadas en las terrazas, los amigos que uno encontraba sin necesidad de llamarlos, las parrandas que parecían no tener hora y esa manera particular de sentir que diciembre llegaba primero al corazón y después al calendario.

Curry escribió sobre la distancia, pero terminó escribiendo sobre algo mucho más profundo: la imposibilidad de regresar completamente. “Cuántos diciembres han pasado”, dice en uno de esos versos que parecen sencillos hasta que uno comienza a medir todo lo que cabe dentro de ellos. Los niños crecieron, algunas cosas cambiaron, otros se marcharon sin despedirse y hasta el paisaje dejó de ser el mismo. El hombre que vuelve reconoce las calles, pero ya no encuentra intacto el mundo que guardaba en la memoria.

Tal vez por eso la canción golpea de una manera distinta con los años. Cuando somos jóvenes creemos que los pueblos permanecen esperándonos. Después entendemos que también ellos envejecen con nosotros. Cambian las calles, desaparecen personajes, se cierran algunas casas, otras voces ocupan las esquinas y uno comienza a buscar, casi inútilmente, los puntos exactos donde quedaron guardados ciertos momentos de la vida.

Pero existe algo que no cambia. Curry lo dice cuando recuerda la crianza heredada de su padre. Uno puede aprender otras costumbres, vivir entre otras gentes y acostumbrarse incluso a otros cielos, pero siempre habrá algo interior que se resiste a partir. Quizás sea eso la pertenencia: llevar un pueblo dentro, aunque el mundo entero quede por delante.

Escuchar ahora esa canción en la voz joven de Emiliano Enrique produce además una emoción particular. Hay canciones que parecen encontrar nuevas vidas cuando pasan de una generación a otra. Él canta una nostalgia que no vivió, pero consigue sentirla. Y allí está uno de los misterios más hermosos de nuestra música: un muchacho puede cantar sobre una despedida ocurrida mucho antes de su tiempo y hacer que quienes sí conocimos aquellos paisajes volvamos a caminar por ellos.

Dentro de poco llegará diciembre. San Juan volverá a llenarse de gente, canciones y encuentros. Algunos regresarán después de muchos años y quizá descubran, como en el canto de Curry, que las calles son distintas, que faltan amigos y que ciertos lugares existen solamente en el recuerdo. Pero también comprobarán que hay cosas capaces de sobrevivir al tiempo.

Una canción, por ejemplo.

Porque mientras alguien vuelva a cantar aquellas siete palabras, Curry seguirá regresando a su pueblo. Y nosotros, quienes alguna vez dejamos un pedazo del alma en San Juan, también podremos volver por unos minutos. Aunque sepamos que el tiempo no se detiene y que ningún regreso es completo, siempre quedará la música para llevarnos hasta donde la memoria todavía conserva intactas las calles de arena, los amigos, las parrandas y aquella luna que, vista desde lejos, jamás vuelve a parecerse a la de alla.

 

José Jorge Molina Morales

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