LA TIERRA QUE NUNCA FUE

Los anaqueles de libros que tenemos en nuestras casas funcionan de manera similar a los estantes de las farmacias. Allí reposan obras clásicas de la literatura o de la historia a las que acudimos en momentos en que vuelven a adquirir una inusitada pertinencia. Tal es el caso de la obra del escritor y periodista británico David Sinclair, llamada Sir Gregor MacGregor and the Land than Never Was publicada hace casi dos décadas. Esta narra la vida de un personaje encantador y aventurero de nuestra independencia: El general escocés Gregor Mac Gregor, protagonista de episodios trágicos y bochornosos que incluyeron estruendosos fracasos militares, fraudes colosales y extensos engaños tanto a entidades bancarias como a miles de ingenuos europeos de la época.

Un lugar de esas aventuras fue precisamente la llamada costa de Mosquitos, en donde MacGregor se hizo proclamar príncipe y cacique de Poyais, autorizado por el rey de los indígenas misquitos, quienes estaban fuertemente influenciados por los británicos. ¿Cómo obtuvo esos derechos este oficial escocés? Se conoce que, en los primeros meses de 1820, estuvo en el cabo Gracias a Dios con el rey de la nación Misquito negociando, en el transcurso de una tarde de borrachera, la concesión de tierras que luego convertiría en el mítico Principado de Poyais. Como garantía de probidad, MacGregor había registrado su propia concesión de tierras en el Tribunal Superior de Cancillería de Londres.

Con el dinero de importantes inversores y su título de cacique, Mac Gregor obtuvo centenares de miles de libras. Cinco comerciantes de Londres se adjudicaron los contratos para suministrar a los colonos desde productos alimenticios hasta herramientas para la agricultura y la obtención de madera. Todo resultó ser un extraordinario fraude. Nos cuenta Sinclair que cuando uno de los barcos atracó en la mencionada costa, esta se encontraba plagada de pantanos, y los colonos se dieron cuenta de que habían sido víctimas de uno de los engaños más elaborados de la historia.

La tierra vendida era inexistente, y los billetes de banco y guías impresas que llevaban no eran más que falsificaciones medio decentes. La tierra que nunca existió es la verdadera historia del hombre responsable de este notable fraude: Sir Gregor MacGregor, un excéntrico pícaro tan adorable como astuto.

Hoy, dos siglos después de la histórica estafa de Mac Gregor, debemos revisar cómo Colombia cedió sus derechos sobre la llamada costa de Mosquitos, que junto con el Archipiélago de San Andrés y Providencia era parte del territorio colombiano desde los albores de la República. Ciertamente estas pérdidas van más allá de las relaciones bilaterales entre Estados hispanoamericanos como Colombia y Nicaragua, pues en ella han cumplido un papel los grandes intereses de naciones noratlánticas.

La historiadora Adelaida Sourdís afirma que, en el Caribe, durante el siglo XIX “Inglaterra no respetó la legítima posesión de los países centroamericanos y de la Nueva Granada sobre los territorios heredados de España, y durante medio siglo usurpó sin consideraciones estas posesiones con el fin ulterior de apropiarse de los territorios necesarios para construir, a través de Nicaragua, el anhelado canal que uniría a los dos océanos”. De acuerdo con dicha autora, los intentos de Nicaragua por apoderarse de la costa de Mosquitos fueron firmemente rechazados por Colombia en 1880, 1890 y 1896, pero de todas maneras los nicaragüenses la ocuparon en 1894 y la bautizaron como departamento de Zelaya.

A pocas horas de hacerse conocido conocerse hoy el fallo de la Corte Internacional de Justicia (CIJ) de La Haya, debemos adoptar una conciencia extendida que nos permita ver al mar como un territorio acuoso y no como un vacío m. De no hacerlo, repetiremos el título de la obra de David Sinclair, y el Caribe será para Colombia: la tierra que nunca fue.

Weildler Guerra Curvelo

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