PAOLA TRABAJA 43 HORAS A LA SEMANA. EN RIOHACHA TRABAJAMOS MÁS Y PRODUCIMOS MENOS.

Esta semana la BBC publicó un reportaje que debería leerse en cada esquina de Riohacha.

Cuenta la historia de Paola Rosas, una mujer de 41 años que se levanta a las tres de la mañana en Bogotá para vender empanadas. Trabaja jornadas larguísimas, paga transporte, paga el parqueadero de su carrito y con eso logra pagar la universidad de su hija mayor.

El reportaje usa la historia de Paola para explicar un dato que debería ser una alarma nacional: mientras una persona en Colombia trabaja en promedio 43,2 horas a la semana, en Alemania trabaja solo 25,6. Y sin embargo, entre todos los países de la OCDE, Colombia registra la menor productividad laboral es decir, por cada hora trabajada, produce menos dinero que cualquier otro país de la lista.

Trabajamos más. Producimos menos. Y eso no es un detalle técnico es la explicación de por qué tantas familias colombianas trabajan tanto y avanzan tan poco.

 Ahora miremos esos mismos números desde Riohacha.

Si la historia de Paola representa el promedio nacional, en Riohacha la realidad es todavía más dura.

 Al cierre de 2025, Riohacha registró una tasa de informalidad laboral del 62,6% diez puntos por encima del promedio nacional que ya es el más alto de la OCDE. La tasa de desempleo en Riohacha se ubicó en 12,8%, y aunque mejoró frente al año anterior, sigue siendo de las más altas entre las ciudades capitales de Colombia solo superada por Quibdó.

Eso significa que en Riohacha, de cada diez personas que trabajan, más de seis lo hacen sin contrato, sin seguridad social, sin pensión, sin estabilidad. Y la informalidad está directamente relacionada con el tamaño del negocio: en las microempresas el 84,5% de los ocupados es informal, mientras que en las empresas grandes esa cifra es apenas del 2,1%.

En Riohacha casi todo es microempresa. Casi todo es informalidad. Casi todo es Paola, pero multiplicado por decenas de miles.

El reportaje de la BBC explica algo que en Riohacha vivimos todos los días sin necesidad de que nadie nos lo explique: la falta de infraestructura.

Un experto consultado señala que “al no tener Colombia una buena infraestructura teniendo la geografía que tiene, resulta muy caro mover productos por el país”. Y agrega que mucha producción agrícola no llega a puerto y por tanto no se exporta lo que podría exportarse, ni llega a los mercados mayoristas lo que incrementa los precios y hace que el país sea menos eficiente.

Pensemos en un pescador de Riohacha. En un productor de friche de las rancherías. En alguien que cultiva en los corregimientos del sur del Distrito. Todos enfrentan exactamente ese problema: producen, pero no tienen cómo llevar su producto a un mercado que pague lo que vale.

Y el reportaje también habla de algo que conocemos íntimamente: “Si tuviera un metro para llegar a su lugar de trabajo y no tuviera que pasar más de una hora en el transporte, quizás llegaría menos cansada y podría pasar más tiempo vendiendo empanadas”, explica uno de los economistas consultados.

En La Guajira no tenemos metro. Apenas estamos recuperando un sistema de buses después de años sin transporte público formal. Miles de personas dependen del mototaxi informal también para llegar a trabajar. Cada hora perdida en el transporte es una hora que no se convierte en ingreso, ni en tiempo con la familia, ni en descanso.

La infraestructura no es un lujo. Es productividad. Y en La Guajira la falta de infraestructura le cuesta dinero todos los días a cada persona que madruga para trabajar.

Hay otro punto del reportaje que me parece esencial para Riohacha: la relación entre educación y mercado laboral.

“El problema de productividad de Colombia tiene todo que ver con el sistema educativo”, señala el decano de economía de la Universidad de los Andes. La cantidad y la calidad de la educación que reciben los colombianos es menor que la de otros países de la OCDE, y el sistema educativo no siempre es compatible con las necesidades de las empresas. Eso termina alimentando la informalidad.

En Riohacha vemos esto todos los años: jóvenes que terminan una carrera y descubren que el mercado local no tiene espacio para lo que estudiaron. Algunos se van. Otros se quedan y terminan en la informalidad exactamente el ciclo que el reportaje describe a nivel nacional, pero agravado por nuestra realidad local.

El reportaje cierra con una reflexión sobre la inteligencia artificial que vale la pena traer a Riohacha.

Según el informe más reciente de la OCDE, se espera que la inteligencia artificial impulse la productividad en los próximos años porque ayudaría a hacer más trabajo en menos horas. Sin embargo, ese efecto va a depender de cómo se use: “Si usamos la IA para que nos haga la lista de la compra, para que nos planee los viajes y nos cuente buenos chistes, la estamos usando para lo que no es”, advierte uno de los expertos.

¿Cuántos jóvenes guajiros tienen acceso real a esas herramientas? ¿Cuántos emprendedores informales de Riohacha saben que existen herramientas gratuitas que podrían ayudarles a llevar sus cuentas, a llegar a más clientes, a competir con negocios formales? La brecha digital en La Guajira no es solo un tema de conectividad es un tema de quién se queda atrás en la próxima transformación productiva del mundo.

Riohacha tiene su propia Paola en cada esquina. La señora que vende fritos en el centro. El joven que reparte en moto. La mujer que teje mochilas wayuu y las vende sin intermediarios justos. El que tiene un puesto de jugos frente al mercado.

Todos ellos trabajan más horas de las que deberían y reciben menos de lo que merecen. No por falta de esfuerzo el esfuerzo en Riohacha sobra. Falta lo que el reportaje de la BBC nombra con precisión: capital, infraestructura, educación pertinente y un Estado que facilite crecer en lugar de complicarlo.

La pregunta para Riohacha no es si trabajamos suficiente. Está más que demostrado que sí trabajamos más que casi cualquier ciudad del país.

La pregunta es: ¿Qué necesita esta ciudad para que ese trabajo valga lo que debería valer? ¿Cuál de las propuestas que quieren gobernar el país los próximos 4 años le darán respuesta?

Y es esa pregunta la que debe estar en el centro de cualquier propuesta de gobierno para Riohacha y La Guajira el próximo año.

 

Juana Cordero Moscote 

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