Hay una forma de arrogancia que se volvió costumbre en la política contemporánea: creer que un diploma otorga superioridad moral. Como si el cartón enmarcado en una pared pudiera medir la sensibilidad humana, la dignidad o el compromiso con los olvidados. Como si la academia, por sí sola, garantizara la decencia. Por eso resulta tan […]

