¿UNA NUEVA DEMOCRACIA? ¿O, SIMPLEMENTE NOS COLOCAN DEL LADO INCORRECTO DE LA HISTORIA? 

Cada día cobra mayor importancia en el mundo esa influencia inevitable de la condición humana en los gobiernos, en las tendencias a pervertir cualquier sistema político basado en la sensatez y la lógica con brotes no precisamente espontáneos de irracionalidad, como nos hace notar Anne Applebaum en su reciente ensayo.

Los chalecos amarillos le dieron a Francia una lección muy gala de que la libertad, la igualdad y la fraternidad no son parte de una mera simbología, si no que reflejan el sistema de protestas que caracterizan la vida diaria de ese querido país. Sus consecuencias pusieron a tambalear a Macron y lo obligaron a hacer acuerdos sobre temas que los mismos enardecidos franceses no pensaron que fueran parte de sus protestas. Ya que estamos hablando cubramos otros aspectos interesantes, pareciera ser el desarrollo de los diálogos. Ejemplos de desbordamiento ciudadano sin claridad de peticiones abundan en nuestra hora.

Salvo el connotado y aislado caso de Angela Merkel, sostenida en el podio tanto por germanos como por europeos en general, y a quien las convulsiones que se vuelven en contra de la capacidad de decidir en otros casos, en el suyo la fortalecieron en sus visiones de integración y tolerancia, los demás se volvieron unos peleles de las presiones populares, carentes de un rumbo claro. Lo único claro que tienen es que no quieren lo que hay, circunstancia equiparable con lo que se vive en este otro lado del mundo.

A los petitorios de los europeos, incluso a los de Hong Kong, se les dio curso en medio de algo de lo cual carecemos en este patio: fortaleza institucional que sirva de marco para los acuerdos y su cumplimiento correspondiente. Las “mesas de trabajo”, ese nuevo foro de concertación que nos llena de semántica vaga e inefectiva, ponen a todo el mundo a hablar y protestar, pero sin asidero en realidades presupuestales ni mucho menos en políticas públicas viables en el largo plazo. Como todo se quiere para ya, nada se puede lograr en esos escenarios de oratoria ideologizada.

Y es entonces allí, en esas falencias del estado, en donde nace la soberbia en el ejercicio del poder por parte de quienes lo consiguieron, la izquierda en Colombia, que nos ha traído una versión diferente de los hechos: aquella que nos indica que nos quieren colocar del lado incorrecto de la historia.

El recuento no solo es evidente si no macabro; veamos.

  • Si lo que queremos es paz, no sé cómo Nicaragua, Cuba o Venezuela nos puedan dar lecciones para conseguirla con nada distinto de una bota militar o un dechado de intolerancia y represión. ¿Son esos los aliados ideales?
  • Si lo que queremos es el crecimiento con justicia social, ¿Cómo lo vamos a lograr a punta de apretar el cuello de quienes producen para ganar dinero legítimamente y pagar impuestos al gobierno, con una reforma confiscatoria?
  • Si lo que queremos es mejorar nuestra relación con el ambiente, ¿Cómo lo vamos a lograr haciendo lo que vende la inconciencia europea frente a las enormes necesidades del mundo por desarrollar? ¿Por qué no le pedimos entonces a la Europa desarrollada que frene su consumo de carbón, y aguanten frío en el próximo invierno, en vez de propugnar por una disminución de energéticos confiables y seguros?
  • Si lo que queremos es mejorar la producción del campo, ¿Cómo lo vamos a conseguir atacando a todo el que produce hoy, haciéndose el gobierno el de la vista gorda con invasores, asesinos de líderes y policías?
  • Si lo que queremos es paz total, ¿Cómo la pretendemos en la anarquía observada que precede los acuerdos con toda suerte de criminales, continuación del pacto débil con el que vemos sentados en el congreso a los ex farc, sin reparación, ni verdad, ni contrición?
  • Si lo que queremos es cargar de fortaleza la economía colombiana para que pueda resistir los embates de las incertidumbres mundiales, ¿Cómo lo vamos a lograr destruyendo el dinero de hoy, la minería, sin haber previamente consolidado el capital productivo de mañana, para lo cual tendremos que ocupar gran parte de nuestro esfuerzo futuro?

Son las pasiones las que nos están llevando a hacer parte del lado equivocado de la historia.  Lo restriegan en cada frase los miembros del poder, tanto los viejos con mañas nuevas como los nuevos con mañas viejas. Son las pasiones. Esas patéticas visitantes del alma que se vuelven parte de la vida intoxicada de algunos privilegiados del poder del presidente Petro, bajo su batuta y su orientación. Acumulan sofismas como dogmas trasnochados. Las teorías económicas más escabrosas y manifiestamente inoperantes las quieren convertir en las banderas de la planeación y de las políticas públicas.

No podemos dejar que la debilidad institucional, esa manera retorcida con la cual el gobierno de turno consigue lo que quiere en un congreso sin compromiso con la historia ni con la verdad, nos lleve a sentarnos al lado de los dictadores del continente, al igual que a alabar a los mayores ladrones de la vida social, los que se apropian de la cartera pública, los venezolanos y argentinos que dictan cátedra de gobierno artero y falaz.

No, señores, ¡hay que protestar! Hay que salir a la calle el 26 de septiembre próximo a expresar el descontento con el gobierno Petro. No seremos violentos. No acudiremos a ese argumento de lascas y guijarros para la destrucción de bienes públicos, so pretexto de impedir los desmanes en el erario.  Todo esto mientras nos llega la hora democrática de apartarlos del poder con el voto, no con la fuerza. Y a la espera del abanderado, que no se vislumbra aún.

Nelson R. Amaya

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