¿Y QUÉ ES LO QUE VA A CAMBIAR? DIÁLOGOS BAJO EL CAÑAGUATE…

Josefina y Eusebio son una pareja de campesinos mayores que viven en un pequeño fundo en las remotas faldas de los Montes de María, unas de las tierras más hermosas de este país. Se esconde al abrigo de un pequeño bosque de nísperos y mangos, con uno que otro árbol de mamoncillo y otros de cañahuate y de tamarindo, un infaltable ramillete de palmas y la vecindad de un imponente caracolí, sobreviviente de incontables veranos. Allí levantó Eusebio el rancho en donde se refugió con su pareja y levantó sus hijos hasta que se hicieron fuertes para marchar a la ciudad. Hoy viven ellos solos disfrutando de una amistad de más de treinta años, dedicados al cultivo de una parcela diminuta que han sabido defender durante décadas de la voracidad de “los patrones”, en donde también tienen hospedaje sus animales.  Cada domingo en la madrugada aperan su burra para sacar a la carretera un par de sacos de lo que su tierra les ha dado, pensando que con ello pueden solventarse el café, la sal, la manteca y lo indispensable para la semana, además del combustible para la estufa, porque en la vereda llevan años anunciando el gas que nunca llega, y las pilas del radio, porque tampoco llega la luz.  

Tienen por costumbre sentarse en la tarde bajo los árboles para disfrutar del “fresco” y rumiar sus recuerdos, y de paso hablar de las cosas que les importan. Y sucedió que, como reflejo tardío de tanta noticia en la radio sobre la política y lo que dicen los candidatos, se adelantó la mujer a preguntar a su marido.

  • Euse, ¿… y qué es lo que dicen que va cambiar?
  • ¿Cambiar? ¿De qué hablas?, preguntó Eusebio poniéndose inquieto con su sombrero “vueltiao” que le abanicaba en el rostro.
  • Pues has escuchado a los candidatos que dicen “que todo va a cambiar cuando ganen en las votaciones…”, pero a mí me gustaría entender a qué se refieren con eso del “cambio”, porque al final resulta que una ve que no cambia nada y las cosas se ponen peor cada día. ¿Ese es el cambio que proponen? ¿Qué todo se ponga peor?
  • ¡Los políticos siempre dicen lo mismo!, contestó el hombre visiblemente molesto y tratando de acercarse a la radio que le hablaba sin parar. ¡Ellos dicen lo que sea con tal de ganarse los votos de la gente!, agregó.
  • Pero, Euse, es que yo les veo hablar de “eso de la seguridad y de los desastres que deja Petro”, pero no se les escucho nada que tenga que ver con un mejor bienestar para nosotros, los del campo, que estamos cada día más pobres y abandonados. Ah, pero eso sí, se la pasan agarrados unos con otros, se gritan, se insultan, se amenazan y se van casi a las “trompadas”, y no sale de ahí nada concreto que uno pueda decir que es para beneficio del campo, para mejorar sus condiciones de vida de nosotros, para que no nos maten los “paracos ni los guerrillos”, y que tampoco nos vengan a sacar los terratenientes de nuestra tierra, como hace años, ¿recuerdas? ¿Por qué pa’ dónde cogemos, Euse, pa’ dónde?
  • Pues lo único que te digo es que el que salga de presidente tiene que ver muy bien lo que hace. Eso no se resuelve con plomo ni metiendo a todo el mundo a la cárcel, porque no van a caber en ninguna parte. Eso tiene que ser “con mano dura”, claro, porque todos esos son puros bandidos, pero no va ser nada fácil. Yo no me imagino cómo, pero para esa tarea no veo que esos “gritones y malgeniados” sirvan pa’ eso. No pueden llenar de sangre este país.

Ambos quedaron pensativos tratando de entender sus propias palabras mientras pasaron los minutos y la inquieta mujer volvió al ataque:

  • ¿Y qué pasará con nosotros y nuestra tierra? ¿Has pensado en eso, Eusebio? ¿Será que va a haber un cambio? murmuró Josefina sin ocultar su espanto.
  • Bueno, Petro prometió tierras para todo el mundo y nunca apareció por aquí. Nosotros tenemos lo nuestro y lo defenderemos con nuestra propia sangre, porque está bien legalizado, de modo que no hay para qué preocuparse. Será poquita la tierra, puede ser verdad, pero es lo que necesitamos para vivir en paz hasta que llegue nuestra hora final. Eso sí, ¡cuidado con irte primero que yo!!!

 

Eusebio se puso de pie para advertir a su mujer. Josefina no supo si aquello que había humedecido sus ojos fue producto de la emoción o de la tristeza, pero alzó la cara para dar confianza al buen hombre que había cuidado de ella y de sus cuatro hijos por más de tres décadas.  Entonces se hizo necesario traer café recién colado para poder seguir en el tema que ya les tenía atrapados.

 

  • Y dicen que van a mejorar la salud, apuntó Josefina, ¿eso qué quiere decir?, ¿que nos van a mandar un médico a la casa, o que van a abrir hospitales?, porque se necesitan muchos en todas partes, sobre todo por aquí en las zonas más apartadas. ¿Será que no ven que no tenemos con qué ir hasta Cartagena, o Montería, o Medellín, para que lo vean a uno? La mujer alzó la mirada hacia el sol de la tarde mientras rozó con su mano la pierna que le dolía.
  • Yo no lo sé, -afirmó Eusebio con autoridad- pero me imagino que si quieren hacer un cambio será como tú dices: abriendo puestos de salud en las veredas donde lleguen los médicos para atender a la gente, ojalá una vez por semana, y así podamos ver que te sanes de lo que tienes en esa pierna que te duele tanto.
  • Pero eso nos va a costar más caro, ¿no crees?, anotó Josefina visiblemente preocupada.
  • No, yo no creo, porque para eso está el SISBEN. Lo primero que tiene que hacer el que llegue es actualizarlo y limpiarlo de tanto “colado” que lo que hace es “chupar como sanguijuela”. ¿No están hablando de usar una gran escoba? ¡Bueno!!! Que la usen para sacar tanta basura que se apropió del Gobierno.

¡Y es más!, insistió el hombre, tienen que ocuparse de modernizar esos hospitales y centros de salud que se quedaron viejos porque se robaron la plata. Tienen que hacer que funcionen bien, para que la gente no se les muera en el monte, y por ahí en las calles, por pura falta de atención. ¡Eso es lo que tienen que hacer, en vez de ponerse a hablar carreta!!! ¡Hay que ocuparse primero de los enfermos que necesitan remedio y no tienen dinero para pagarse sus gastos!! ¿Cómo quieren que el pueblo vote por ellos, si no proponen nada para resolver ese problema?

  • Ay Eusebio, ¿Cómo hacer para que llegue el mejor y podamos tener un país en paz y vivir bien, todos felices?
  • Vamos a ver, escucha, afirmó Eusebio tomando la mano de su mujer: yo creo que hay buenas posibilidades. De los cuatro que van adelante, sólo hay uno que me parece que tiene las cosas claras. Los demás están enmarañados en los discursos y las especulaciones de siempre: que hay que vencer a los oligarcas de la derecha – dice el tal Cepeda-; que hay que impedir que gane la izquierda – dicen los dos protegidos de Uribe-, pero ninguno de ellos tiene en su cabeza qué es lo que van a hacer con este país si es que llegan a ganar en las votaciones. Mientras esos tres siguen empeñados en destruirse, el pueblo se divide como si presenciara una pelea de gallos, que los dos sabemos que “es a muerte”. Se van a destruir entre ellos y el pueblo embrutecido va terminar eligiendo el que menos le conviene. ¿Qué va salir de esa pelea? ¡Nada!

Por eso digo que es mejor escuchar atentamente lo que dice el paisa Fajardo, que no está metido en la pelea con ninguno y en cambio sí propone cosas concretas que deberían llamar la atención de todos nosotros. Mira lo que dice que va a hacer cuando llegue: – Que hay que barrer los corruptos. – Que en su gobierno nadie se robará la plata. – Que al vigilar que no se roben la plata, habrá suficiente con qué atender la salud, que ya lo hablamos, y por ese camino la educación –para que los niños y los jóvenes no tengan que irse a la ciudad a rebuscarse cómo vivir-, y la energía – a ver si algún día la traen hasta acá –  y el agua –que no es buena para beber – y las vías, y las carreteras – para que la burra no tenga que caminar tanto –  y se haga todo lo que se necesita.

Todo comienza por ahí, Josefina, por no dejar que se roben la plata, y verás que alcanza para todo lo que se necesita. El hombre ya fue Gobernador y sabe cómo tratar a los bandidos; el hombre habla de atender a los jóvenes; el hombre habla del empleo, que se necesita para que la gente su plata y no tenga que irse a la delincuencia. Uno lo escucha hablar de cómo arreglar el problema con los gringos y con los vecinos, como Ecuador y Venezuela, que es un problema que le deja Petro por andar de “camorrero”.  El hombre habla de fortalecer la industria, porque da trabajo para la gente. El hombre habla de promover el agro – me parece que esa es la palabra que usa – que es algo nos importa a usted y a mí, para que no tengamos que morir de hambre antes de tiempo.

Esas son cosas que se le escuchan a él y no a los demás, por eso me parece que puede ser mucho mejor presidente que los demás “amansaguapos”. Yo le escucho en las noticias hablar de ciencia, de tecnología, de inteligencia artificial, y de otro montón de cosas que uno, ignorante, no entiende, pero yo no soy bruto y me parece que el tipo tiene toda esa propuesta bajo control. Y cuando le escucho hablar de relaciones internacionales y de buen entendimiento con los países, como debe hacer todo Presidente, no como el arbitrario del Petro, me aseguro de que es el más indicado.

Yo no sé mi equivoque en mi apreciación, pero veo francamente que es mejor un tipo tranquilo para gobernar que un “pendenciero” como Cepeda y como Abelardo, porque el peleador puede perder los estribos y llevarse el país al estanco. En cambio, el jinete sereno nunca pierde la rienda. ¡Yo no quiero ver un desastre, no señor!!! 

  • Ay Euse, cómo me das tranquilidad. Yo siempre me imaginé que podría haber un Presidente así, amigable, tranquilo, sereno, buena persona, decente como se ve, no como esa “mata de equivocaciones” que resultó ser el Petro, o como el “tigre rabioso del señor Abelardo”, o como la “palomita inocente de la señora Valencia”, o como el doctor Cepeda, que oculta tras su máscara un ser misterioso y malgeniado.
  • Ya te lo digo, no hay que confiar en esos personajes que con nada se saltan de los chiros para irse a la pelea. Hasta la paloma resultó agresiva y respondona. “El gallo ganador siempre será el que no alardea y guarda todas sus fuerzas para el momento indicado.
  • Pero Euse, cómo estar tranquila si la gente dice que no votará por Fajardo dizque porque “no va a ganar”.
  • ¡No les pares bolas!!! La gente puede parecer bruta a la hora de votar, pero es posible que al final se dé cuenta que “nos va mejor si votamos por el mejor, por el que más nos gusta, por el que entiende mejor las cosas y nunca por el que digan que va a ganar. Esa puede ser una trampa. Cualquiera de esos tres puede resultar un “gallo tapao” que ni sepa gobernar bien. Fajardo, en cambio, es mucho más confiable y se ve que habla con la verdad.
  • Está bien, Euse, espero que no te equivoques, porque yo voy a votar por él.

¡A cuarenta días de la Primera vuelta! Tiempo suficiente para reflexionar.

 

Arturo Moncaleano Archila

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