RIOHACHA YA TIENE CANDIDATOS LO QUE NO TIENE SON RESPUESTAS

En Riohacha ya empezó lo de siempre. Los nombres comienzan a circular. Las fichas se mueven y los peones se desplazan. Las reuniones se activan. Y la política esa que aparece cada cuatro años vuelve a respirar.

Ese ritual es conocido en esta ciudad. Se repite cada elección. Pero antes de que nos perdamos en la lista de aspirantes, quiero hacer una pausa incómoda. Quiero hablar del concejo de Riohacha.

Porque nadie lo está nombrando, y merece ser nombrado. Tres años. Tres años en los que Aqualia hizo lo que quiso con el agua de esta ciudad y el concejo debatió. Tres años en los que el POT fracasó, el contrato de alumbrado público se firmó en la oscuridad, el transporte escolar operó en el escándalo y el concejo archivó. Tres años en los que la ciudadanía vivió la crisis y el concejo convocó audiencias que no cambiaron nada.

Ese concejo no fue malo. Fue peor: fue irrelevante.

Y ahora, de esas mismas maquinarias, saldrán los candidatos de siempre. Con cara lavada y discurso nuevo. Se llamarán renovación. Invocarán el cambio. Prometerán la Riohacha que merece más. Como si ellos no fueran, precisamente, la razón por la que Riohacha sigue esperando.

Los Riohacheros creeremos cuando veamos el agua llegar.

Hay algo estructural que esta ciudad tiene que entender y que nadie dice: Riohacha no está en crisis por falta de candidatos. Está en crisis porque durante décadas el poder ha rotado entre los mismos círculos, con distintos nombres y discursos, pero con la misma lógica: gobernar para los acuerdos, no para la gente. El alcalde le debe al que lo avaló. El que lo avaló le cobra con un contrato. El contrato lo pagamos nosotros, con nuestros impuestos y con nuestras necesidades postergadas.

Esa es la fórmula. Y ha funcionado, por eso sigue existiendo. Romperla no es fácil. Lo sé porque lo he intentado. Cuando me lancé como candidata a la alcaldía, aprendí algo que no aparece en los manuales de campaña: la política limpia no tiene maquinaria, pero tiene algo más difícil de construir y más difícil de comprar tiene convicción, credibilidad y genera confianza. Y la convicción, cuando es genuina, se contagia.

Por eso no me conformo con la lista de nombres que circula hoy. Me pregunto algo más importante: ¿Quién de ellos llega sin deuda? ¿Quién de ellos puede gobernar sin pagarle el favor al que lo puso? ¿Quién está dispuesto a decirle que no a la maquinaria y financiadores que lo necesita para ganar?

Esas preguntas no se responden en los titulares. Se responden en la trayectoria.

En medio de la lista hay señales que merecen atención. Maryori Pérez fue de las pocas voces que en el concejo debatió con argumentos sobre Aqualia, sobre el ICBF, sobre el alumbrado. No hizo el show, hizo el debate. Gandhi Romero Epinayu representa algo que Riohacha ha ignorado demasiado tiempo: la voz Wayuu con poder de decisión en una ciudad que es territorio ancestral.

Pero señales no son garantías. Y en Riohacha hemos aprendido, a las malas, que los discursos bonitos en campaña no siempre sobreviven a la primera reunión con quien financia la campaña.

Por eso lo que le pido a esta ciudad no es que elija bien entre los candidatos que ya están en la cancha. Le pido algo más difícil: que exija el nivel de conversación que merece. Que no se conforme con saber quién va a ser candidato. Que pregunte qué hizo cuando no tenía cargo. Que pregunte qué dijo cuando nadie lo escuchaba. Que pregunte, sobre todo, a quién le debe el puesto.

Riohacha tiene agua, viento, vocación turística, identidad cultural, y una ciudadanía que ha resistido décadas de mal gobierno con una dignidad que nos debería avergonzar a quienes aspiramos a representarla. Esta ciudad no necesita ser descubierta. Necesita ser bien gobernada.

 Esa decisión no la toman los candidatos. La toman los ciudadanos. En la única urna donde las maquinarias no mandan, los padrinos no pesan y el dinero no alcanza para comprar lo que usted decida en silencio. Riohacha ha esperado demasiado.

 Ya es hora de que elija distinto.

 

Juana Cordero Moscote 

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