A seis décadas de su creación, La Guajira enfrenta el reto de convertir su extraordinaria riqueza natural y cultural en bienestar colectivo, consolidando un modelo de desarrollo basado en la transparencia, la inclusión y una visión de futuro.
Sesenta y un años después de haber sido erigida como departamento, La Guajira continúa siendo un territorio de inmensas riquezas naturales y culturales, pero también de profundas contradicciones sociales que han marcado buena parte de su historia administrativa.
Pocas regiones de Colombia poseen un potencial tan extraordinario. El carbón, el gas natural, el viento, el sol, sus playas, los paisajes desérticos, la majestuosidad de la Alta Guajira y el invaluable legado ancestral del pueblo wayúu convierten al departamento en un territorio verdaderamente privilegiado. Sin embargo, durante más de seis décadas, esa abundancia no ha logrado traducirse plenamente en bienestar para todos sus habitantes.
La mejor manera de comprender estos 61 años es a través de una matriz DOFA que permita identificar las fortalezas, oportunidades, debilidades y amenazas que han acompañado el devenir del departamento.
Entre sus principales fortalezas sobresalen los recursos minero-energéticos, su ubicación estratégica sobre el mar Caribe, el enorme potencial turístico y una identidad cultural que constituye uno de los patrimonios más valiosos de Colombia. A ello se suma el talento de su gente, su vocación comercial y la capacidad de sus empresarios y emprendedores para abrirse camino en los mercados nacionales e internacionales.
Las oportunidades son igualmente prometedoras. La transición energética, el turismo sostenible, la economía azul, la agroindustria, la pesca, las energías renovables y el desarrollo portuario pueden convertirse en los nuevos pilares del crecimiento regional. En particular, el turismo representa hoy una de las mayores esperanzas para diversificar la economía y disminuir la histórica dependencia de la minería.
No obstante, persisten desafíos estructurales que no pueden ignorarse. La pobreza, las dificultades en el acceso al agua potable, las brechas en salud y educación, el desempleo y la desigualdad siguen afectando a miles de familias. A ello se suman problemas históricos de planeación, continuidad administrativa y ejecución de los recursos públicos, factores que durante años limitaron el verdadero impacto de numerosas inversiones.
Las amenazas también exigen una visión de largo plazo. La disminución gradual de la explotación carbonífera, el cambio climático, la desertificación, la inseguridad y la volatilidad de los mercados internacionales obligan a pensar desde ahora en un modelo económico más diversificado, resiliente y sostenible.
Durante estas seis décadas, La Guajira ha recibido billonarios recursos provenientes de las regalías del carbón y del gas natural. Gracias a ellos se han ejecutado importantes obras e inversiones; sin embargo, la percepción de amplios sectores de la ciudadanía es que esos recursos no siempre se reflejaron en mejores indicadores sociales. Esa realidad deja una lección ineludible: el desarrollo solo es posible cuando la transparencia, la planeación y el buen gobierno orientan el manejo de los recursos públicos.
Hoy el departamento parece transitar por una nueva etapa. La administración del gobernador Jairo Aguilar Deluque ha enfocado buena parte de sus esfuerzos en fortalecer la gestión institucional y proyectar una imagen renovada de La Guajira ante Colombia y el mundo. Su apuesta por el turismo busca convertir esta actividad en uno de los principales motores del desarrollo económico regional.
Promover destinos como Riohacha, Cabo de la Vela, Punta Gallinas y Dibulla significa abrir nuevas oportunidades para cientos de emprendedores y familias guajiras. La promoción de festivales, la cultura wayúu, la gastronomía, el ecoturismo y los deportes náuticos fortalece una estrategia que busca posicionar al departamento como uno de los destinos más atractivos del Caribe. No obstante, será indispensable continuar mejorando la infraestructura, la conectividad y la promoción internacional para consolidar ese propósito.
El verdadero éxito no dependerá únicamente del crecimiento económico, sino de la capacidad para que ese progreso llegue a las comunidades más vulnerables y contribuya a cerrar las brechas sociales que aún persisten.
La Guajira necesita consolidar un modelo de desarrollo que armonice crecimiento económico, inclusión social, protección ambiental y respeto por su diversidad cultural. Los próximos años serán determinantes para demostrar que su inmensa riqueza natural puede convertirse, finalmente, en prosperidad compartida.
A sus 61 años de vida administrativa, el departamento tiene una oportunidad histórica para dejar atrás los errores del pasado y escribir una nueva página sustentada en la eficiencia, la transparencia y una visión estratégica de futuro.
Más allá de las diferencias políticas, el progreso de La Guajira debe convertirse en un propósito colectivo, porque cuando avanza el departamento también avanza el Caribe y avanza Colombia.
Colofón: La Guajira no puede seguir siendo reconocida únicamente por la riqueza de su carbón, su gas, sus paisajes o sus recursos naturales. Ha llegado la hora de que sea admirada, sobre todo, por la calidad de vida de su gente, la solidez de sus instituciones y la capacidad de transformar sus inmensas potencialidades en bienestar para todos. Ese es el gran desafío de esta generación y la responsabilidad histórica de quienes hoy tienen en sus manos el destino del departamento.
Hernán Baquero Bracho

