COLOMBIA SE LA JUEGA POR UN NUEVO MODELO DE DESARROLLO NACIONAL Y LA PAZ TAN ANHELADA

Colombia, nuestra patria querida, sigue explorando los escenarios democráticos e institucionales que le permitan alcanzar la paz tan anhelada y esquiva. La apuesta por la paz, el cierre de las brechas sociales, la seguridad nacional, la lucha contra la pobreza, la corrupción y el narcoterrorismo, siguen siendo desde décadas el gran anhelo de los colombianos. Un país de Latinoamérica con todas las ventajas comparativas para ser uno de los mejores vivideros del mundo, pero al cual la violencia confabulada con el narcotráfico y las practicas del bajo mundo lo han convertido en el país del miedo, la muerte y el terror. La violencia intrafamiliar, violencia de genero y contra la mujer, la violencia callejera, la violencia en los medios de comunicación y las redes sociales, la violencia en la democracia y contra los símbolos patrios nos indican que estamos en un país donde el menú de la violencia esta servido en la mesa al por mayor y al detal.

Pero se han venido agotando todos esos escenarios y no se ve una luz de la paz al final del túnel ni los alzados en armas se han podido fumar la pipa de la paz con el gobierno. Gobiernos van y gobiernos vienen y Colombia sigue anhelando la gloria inmarcesible y el júbilo inmortal que entonamos con las notas tan sublime de nuestro hermoso himno, pero no cesa la horrible noche. Se siguen apagando vidas y más vidas inocentes de colombianos que contaron canas y penas esperando la paz que nunca llego ni ha tocado a las puertas de este país. Los colombianos más resilientes pregonamos y divulgamos que hay que insistir, persistir y nunca desistir en nuestra lucha por la paz. En un país donde unos le apuestan a la paz y otros a la guerra.

Donde unos destruyen y otros edifican la sociedad. Donde unos le apuestan al dinero fácil y otros se queman las pestañas y le ponen el pecho a la brisa para sacar sus familias adelante con mucho esfuerzo y con la fe de que Colombia tiene que cambiar. Pero en este país todos no remamos para el mismo lado, y así, es muy difícil encontrar un acuerdo de voluntades para ponerse de acuerdo en lo fundamental para transformar los paradigmas y estereotipos que han mantenido al país en guerra con el crecimiento exponencial de la criminalidad y la impunidad. Más de cuatro generaciones colombianas han vivido en carne propia el rigor de la violencia en el campo y en las ciudades. Un estado centralizado sin control sobre su propio territorio. Más de trescientas mil hectáreas sembradas de coca que nadie sabe cómo se esconden.

Una nación que ha soportado todas las formas de lucha y una Colombia que sigue ahí resiliente y de pie con una democracia fuerte que no se resigna a encontrar el camino para izar las banderas de la paz y que lo que sea menester para lograrla se hará. Colombia siempre vota por la paz, siempre le apuesta a la paz, sueña con la paz y se la juega por la paz, pero la paz se ha quedado solo en promesas y solo promesas se ha vuelto al fin. Muchos de nuestros territorios han puesto los muertos y fueron escogidos visiblemente para los programas de desarrollo con enfoque territorial (PDET), pero ahí siguen como una de las zonas más afectadas del conflicto sin que el estado se reivindique con ellos.

La Violencia es un mal de nunca acabar en Colombia, se requiere que alguien le ponga el cascabel al gato y tome el toro por los cachos. Ya la ciudadanía se cansó de que se juegue con su libertad y el orden del país y los culpables paseándose como Juan por su casa por el territorio nacional mientras el pueblo entre cadenas gime por la maldad del corazón del hombre. Colombia debe apostarle a un nuevo proyecto de país y a un nuevo modelo de desarrollo nacional y para implementarlo, primero debe combatir la inseguridad y la violencia.

Colombia está llamado a ser un país de turistas e inversionistas, no solo por su posición geoestratégica con dos costas, tres cordilleras, el páramo, la selva y todos sus ecosistemas, sino por sus cuantiosos recursos naturales renovables y no renovables en el subsuelo, la plataforma continental y en los vientos alisios y el sol.    

  

Rafael Humberto Frías

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