Hay instituciones que no le pertenecen a un gobierno. Le pertenecen a Colombia. La Federación Nacional de Cafeteros es una de ellas. Por eso preocupa profundamente que el Gobierno Nacional siga sin firmar el contrato de administración del Fondo Nacional del Café, una decisión que hoy mantiene en vilo a más de 557.000 familias cafeteras en todo el país.
Muchos colombianos podrían pensar que se trata de un simple trámite administrativo. No lo es.
Cada vez que un cafetero exporta su café aporta una parafiscalidad. Es decir, una parte de su trabajo y de su esfuerzo se destina a financiar una institucionalidad construida durante décadas para proteger al productor. Con esos recursos se sostiene una red que acompaña a los cafeteros, los asesora y les garantiza que siempre tendrán quién compre su cosecha.
Por eso la ausencia de este contrato tiene consecuencias reales.
La primera es la garantía de compra. Gracias a la Federación, un cafetero puede estar en cualquier rincón de Colombia y tener la certeza de que su café será comprado. No queda a merced de intermediarios ni de abusos. Existe un comprador y existe una referencia de precio que protege su trabajo.
La segunda son los servicios de extensión rural. Miles de pequeños productores reciben acompañamiento técnico para mejorar sus cultivos, enfrentar plagas, aumentar productividad y adaptarse a las dificultades del clima. Son herramientas fundamentales para quienes viven del café y no cuentan con grandes recursos.
Todo esto está hoy en riesgo por la negativa del Gobierno a firmar un contrato que los cafeteros llevan meses esperando.
Y surge una pregunta inevitable: ¿por qué?
Resulta difícil no pensar que detrás de esta demora existe una profunda desconfianza hacia las instituciones que funcionan y hacia las organizaciones administradas por los propios productores. Parece que para este gobierno todo debe quedar bajo el control del Estado, incluso los recursos que pertenecen a los cafeteros.
Pero los colombianos tienen razones para preocuparse. Hemos visto los escándalos de la Unidad Nacional para la Gestión del Riesgo. Hemos visto el deterioro del sistema de salud. Hemos visto cómo cada vez más sectores sufren las consecuencias de la improvisación gubernamental.
Por eso hoy la exigencia es simple: respeten a los cafeteros y respeten a la Federación Nacional de Cafeteros. Firmen el contrato.
La Federación es una institución que ha llenado de orgullo a Colombia y que ha acompañado durante generaciones a quienes, con esfuerzo y trabajo, han convertido al café en uno de los símbolos más admirados de nuestra nación.
Aquí seguiremos defendiendo a las familias cafeteras. Lo hicimos impulsando la Ley del Café, que lo declaró patrimonio de interés nacional y creó el Fondo “Quiero Cafeteros”. Y lo seguiremos haciendo porque defender al cafetero es defender una parte esencial de Colombia.
No sean infames. Firmen el contrato ya.
Paloma Valencia

