ESE DÍA GRIS DEL REPENTINO ADIOS DE ARMANDO Y BLANCA

Fue un día muy extraño, apenas me enteraba a través de las redes sociales y medios de comunicación, de la muerte de una Joven Ingeniera llamada Blanca Gámez Villazón, digo Ingeniera porque estaba a punto de recibir el titulo de profesional, fue lo que le faltó para disfrutar a plenitud de este logro que jamás imaginó que le robaría la vida mucho antes de poder celebrarlo. Solo ella y su familia saben lo que soñaba con ese día, sueño que la muerte le arrebató. Se encontraba en una obra realizando sus practicas y un suceso que a todos dejó atónitos le apagó la vida en un abrir y cerrar de ojos.

No la conocí, pero se me arrugó el corazón con la noticia, no imagino el dolor de quienes si la conocieron y que pasaba por sus mentes en ese momento de tantas preguntas sin respuestas. Apenas asimilaba con asombro esta nefasta noticia, cuando en el momento en el que conversaba con mi vecina, ella respondió una llamada y de inmediato se me derrumbó en medio de un llanto desgarrador, no entendía lo que pasaba, pero sabia que lo que fuera que ocurriera era lamentable, su tristeza y dolor al llorar con tanta congoja me lo decían y así fue, uno de sus grandes amigos acababa de perder la vida cuando un infarto fulminante tocó su puerta.  Y tan solo una hora después me enteraba de la repentina muerte de un amigo de infancia, murió en medio de un atraco en manos de delincuentes, mi dolor conmovedor se transformó de inmediato en impotencia y desasosiego.  Se nos fue Armando Campos “El sobao” como le llamábamos cariñosamente desde el colegio, ¡que dolor!

¡Dios! Que efímera es la vida y que injusta la sentimos cuando arrebata de repente a personas que tienen un lugar especial en el corazón de sus familiares y amigos, porque todos somos especiales en la vida de alguien y tarde o temprano nuestra ausencia también dolerá, porque todos vinimos a dejar una huella, sea grande o pequeña, pero es una huella que nos permitirá ser recordados.

Cuantos planes y proyectos se llevan las desgracias, son huracanes de dolor que transforman todo en segundos, momentos de angustias donde no entendemos por qué en el mejor momento de nuestra vida esta se nos va, se nos acaba y nos borra como un chasquido de la existencia.

tres personas diferentes, pero tres tragedias iguales, un vacío en una familia que jamás imaginó un adiós tan repentino iniciando un año en el que tal vez se plantearon tantas metas y proyectos por cumplir.  Ella soñaba con el día de su grado, él soñaba con el grado de una de sus hijas y Armando nuestro querido amigo, soñaba con sus proyectos profesionales y idealizaba los de su pequeña hija.

Estos tres casos dolorosos me llevan a reflexionar sobre la manera en la que vivimos, a veces creemos que nunca vamos a morir y perdemos tanto tiempo, rechazamos tantos abrazos, aplazamos tantas muestras de amor, nos ocupamos de odiar más y perdonar menos, se nos olvida que permanecer y transcurrir no es perdurar, hay tantas maneras de no ser, pero muchas maneras de estar, tanta conciencia adormecida, tantos planes aplazados, tanto orgullo y resentimiento acumulado. Hay una sociedad actual del menor esfuerzo por amar a tiempo, por cumplir sueños, debemos entender que la vida no es lo que soñamos hacer cuando estemos en esa meta, sino todo aquello que sucede mientras luchamos por alcanzarla.

No somos infinitos y tristemente a veces vivimos como si nunca fuéramos a morir, no por la intensidad como vivimos, sino por la manera en la que aplazamos tantos proyectos o el poco valor que le damos a cada día, cuando el solo hecho de respirar es un tesoro invaluable.

Honrar la vida es trabajar por cosas que quizás no alcanzarás a ver, pero que será la siembra de esa cosecha que recogerán tus hijos, seres queridos o personas que se inspiran por tu testimonio de vida, no sabes como tu vida o tus acciones, puede lograr que alguien decaído y sin esperanzas se levante, honrar la existencia es mucho mejor que vivir la vida, vivir la vida es existir, honrar la vida es tener algo bonito y valioso por lo cual estar en pie cada día, así este sea el ultimo de nuestra existencia.

¿Qué toma prioridad en tu vida? ¿Qué pones en la lista de espera? Lo que ocupa tu primer lugar depende de como honras tú vida, vive y deja vivir, vive y ayuda a vivir porque tal vez hoy o tal vez mañana se cumpla tu plazo en la tierra. Este dolor inevitable llegará, ya sea porque tengas que vivirlo o ya sea porque tengas que provocarlo con tu ausencia eterna, pero llegará.

Este día extraño removió mis recuerdos de infancia, me arrugó el alma por el dolor ajeno que también es mío, porque en ese pequeño lugar llamado “Corredor habitacional” todos éramos familia y aun en la distancia por la búsqueda de ideales de cada uno, queda el sello imborrable de quienes vivimos en esa época maravillosa, hoy viendo partir con dolor a muchos de los que allí vivieron. No conocí a Blanca, no conocí al señor Álvaro, pero sé que al igual que Armando, hoy dejaron un dolor cortante en el corazón de quienes los conocieron.

¿Qué huella dejarás? ¿Tienes un motivo por el cual estar en pie perseverando hasta tú último suspiro? Eso con lo que sueñas y por lo que vives, te permitirá marcharte, dejando una huella y honrando la vida mientras la vives, porque jamás veremos un funeral donde nos llevamos algo, nos vamos sin nada, solo dejamos a los demás todo lo que fuimos con ellos en vida.

Hasta siempre Armando Campo, que la justicia divina dé a cada quien lo que merece a su tiempo, porque la terrenal falla demasiado.

Jamás imagine que el silenciar tu vida, tu sonrisa y tu voz, nos doliera tanto.

Jaimelis Fonseca Sierra

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