SEIS AÑOS DE MIRAR SIN PESTAÑEAR

Hay fechas que uno lleva marcadas no en el calendario sino en el corazón. Hoy es una de esas fechas para mí, porque Ojo Pelao cumple seis años de publicar su primera edición, de incomodar cuando hay que incomodar, y de contar a Riohacha y a La Guajira lo que muchas veces otros prefieren no ver.

Cuando se publicó la primera edición. No era sólo un magazine más: era una promesa. La promesa de que aquí, en esta tierra de sol implacable y de historias dignas de ser contadas, habría un espacio que miraría con el ojo abierto, pelao, como decimos nosotros la realidad de nuestra gente. Sin cómodos filtros. Sin miedo a decir las cosas como son.

Seis años después, esa promesa se ha cumplido con creces. Y no hubiera sido posible sin la terquedad, visión y corazón de un hombre que decidió apostarle a esto cuando muchos dudaban: José Ramiro Celedón Ucrós

A José Ramiro le debo, le debemos como comunidad, algo que no siempre se agradece lo suficiente: la valentía de mantener un proyecto de comunicación independiente con un grupo amplio de estelares columnistas, en una región donde eso no es fácil ni cómodo. Fundar el Grupo OPM no fue sólo montar una empresa, fue sembrar una forma de entender el periodismo y la opinión pública desde el respeto, desde el rigor y sobre todo desde el amor genuino por lo nuestro.

Ese amor se nota en cada edición, en cada columna, en cada espacio que Ojo Pelao le ha abierto a las voces de La Guajira, El Caribe y del resto del país.

He tenido el privilegio de ser una de esas voces. De escribir en estas páginas sobre lo que me duele y lo que me esperanza de mi Guajira. Y sé que no soy la única que le debe gratitud a José Ramiro: somos muchos los que hemos encontrado en este espacio un lugar donde la palabra todavía importa, donde la verdad así sea incómoda tiene un lugar de honor.

Seis años no son nada, dicen por ahí. Pero en un oficio tan exigente como este, seis años sosteniendo un medio con independencia, con criterio y con los pies bien puestos en el territorio, son una hazaña silenciosa que merece ser celebrada en voz alta.

Gracias, José Ramiro, por no bajar la guardia. Por creer que Barrancas y La Guajira merecen periodismo de verdad. Por abrirle la puerta a tantas voces, incluida la mía. Y gracias, Ojo Pelao, por seguir siendo ese ojo que no se cierra, que no se cansa, que sigue mirando con la misma pasión del primer día.

¡Que sean muchos años más de mantener el ojo bien pelao!

 

Juana Cordero Moscote

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