PENINSULARIDADES

Somos más que un lugar apartado de Colombia que este gobierno usa para robarle dinero a las comunidades. Sí, somos más de un millón de seres que ven perplejos el desfile de carrotanques transitar orondos por las trochas y jugar con la sed de los Wayúus. Sí, somos más que los falsos jaguëyes para que abreven, no los animales que nos acompañan en la zona árida de La Guajira, sino aquellos que terminaron saciando la sed ambiciosa e ilegal de unos cuantos locales y de muchos ajenos a nuestras carencias. Bolsillos llenos de plata, imperdonable crimen contra la vida, y gargantas llenas de sed. Cada gota de agua que no llegó a la gente se convierte es un tiro de fusil disparado hacia nuestra sociedad.

 

Somos la península de las paradojas.

De la paradoja del agua, con ríos de agua desperdiciada en la cuenca norte de la Sierra Nevada de Santa Marta, y de la tierra cuarteada por el clima inclemente en la mitad de su territorio. Del agua del río Ranchería represada en El Cercado por años, una estructura espectacular desde la que se pueden servir múltiples propósitos de riego, acueductos y generación eléctrica para media región, con 200 millones de metros cúbicos de agua, hoy sin destino ni destinatarios. Y la sed por siglos de más de 700 mil personas en la mayor parte del departamento.

De la paradoja de la energía, puesto que hacemos encender las estufas de gas de media Colombia y aún tenemos que usar leña en muchos lugares rurales y pequeñas poblaciones.

De la paradoja del conformismo, pues al del desmadre contractual del gobierno Petro y sus alfiles guajiros, se contrapone la resignación de nuestra comunidad, que sigue votando por ellos como si hubieran traído el paraíso a nuestra tierra, como si la suma de sus promesas no fuera exactamente igual a la resta de los incumplimientos.

¿Culpas locales? Muchas. Hemos dejado pasar ríos de dinero en regalías, con un aprovechamiento bastante precario para el bienestar colectivo. Podrían contarse con los dedos de la mano las obras trascendentes dentro de la geografía regional. ¿Culpas nacionales? Enormes, sin luz eléctrica hasta 1966, aislados durante siglo y medio sin vías de comunicación con el resto del país hasta 1971, y con su capital sin acueducto hasta 1973.

Hay remedio. Debemos reaccionar. Tenemos que hacerlo. El desperdicio de esfuerzos pequeños no puede dar al traste con las grandes ambiciones que deben guiar al guajiro. Que no nos quede grande la península.

Ya quisiéramos que las soluciones estuvieran al alcance de la capacidad presupuestal de la región. Pero no es así. No todas lo están. Para que el tema del agua se aborde con resultados, que con ello se derivarían beneficios colaterales muy importantes, hay que contar con la voluntad política del presidente. Una voluntad real, no una falsa como la que mostró este gobierno, que trasladó el poder entero a La Guajira, pero para bacanales que avergonzarían a cualquier persona, menos al presidente Petro.

Por otro lado, declarar al carbón enemigo del gobierno es tan estúpido como inconsciente. Y que los empleados que derivan su sustento de sus salarios estupendos por colaborar en la producción del mineral se alineen con la terminación anticipada de la vida energética fósil es desconcertante. Por decir lo menos. La Guajira ha vivido de regalías de gas y carbón por décadas. Y requiere unas cuantas más, pues su uso en los mercados internacionales a donde llegamos se prolongará por al menos otros 20 años. Si no lo vendemos nosotros, lo harán otros países que se quedarán con la gloria y Colombia y La Guajira con las arcas vacías.

Afincarnos en el turismo es algo fundamental. Una realidad. No es un proyecto. Y, como tal, debemos hacer del momento uno que sostenga lo que hay y ayude a darle fortaleza y organización, respaldo institucional y garantías en su operación.

Son varios los componentes para que esta actividad se continúe siendo clave para el desarrollo de nuestro departamento:

 

  1. El paisaje, que nos sobra. No hay quien no se arrobe al contemplar nuestra naturaleza, desde las montañas hasta las arenas. El majestuoso Caribe, con su agradable temperatura todo el año, pone el sello apetitoso de quienes buscan en el descanso recreacional un mundo lleno de verde y ocre, de viento y luna.
  2. La cultura, el intrigante mundo de una etnia con fortaleza milenaria, en un entorno agudo y áspero, pero lleno de libertad y esperanzas.
  3. La armonía lograda en los espacios de resguardos. Lo que para muchos era un obstáculo insalvable, terminó siendo una barrera franqueable, puesto que hemos encontrado oportunidades para nuestros paisanos en sus territorios y para los empresarios en sus actividades logísticas. Se descartó la ya por fortuna abandonada idea de que para ser competitivos deberíamos acoger la gente en altas torres hoteleras, con 5 y más estrellas en servicios, como si fuéramos turismo neoyorquino o parisino. Las estrellas que nadie podrá igualar son las que brillan en el cielo wayúu.
  4. La aparición de vías de conexión con las playas. El corredor turístico que lleva a Mayapo y las playas de Yosüru y Manaure nos dio ventajas grandes para que muy cerca de Riohacha se pudiera iniciar la aventura guajira. Además, consolidó a la capital como el hub hotelero para las giras y visitas, tanto al mundo de la Sierra Nevada de Santa Marta, nuestro hasta Palomino, como al inmenso y eterno amor del mar y la arena en Castilletes y Bahía Honda. Falta el tema de mejoramiento vial hacia la Alta Guajira, apenas iniciado en los esfuerzos nacionales.

 

Hay dos elementos que hacen daño, que frenan la vida peninsular: La inseguridad y la corrupción. Es innecesario ahondar en detalles, pues son evidentes, con el reciente decreto de paro armado por grupos ilegales que constriñen al comerciante legal y se sienten dueños de la circulación en el territorio. El miedo es enemigo del progreso. Tanto como la corrupción. 

La tarea continúa. Y lo que viene requiere sin duda que todos colaboremos para consolidarnos como un destino turístico atractivo y seguro.

Necesitamos a una presidenta con enorme compromiso con nosotros. Nadie distinto de Paloma Valencia, es a tí a quien escribo, por quien pido a todos los guajiros esfuerzos para elegirte, con tu claridad conceptual, tu conocimiento del estado y tu buena voluntad y honestidad para gobernarnos.

Espero celebrar esa victoria, que será la de todos los colombianos.

 

Nelson Rodolfo Amaya

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