¿UN PAÍS EDUCADO, O UN PAÍS ARMADO?

Sergio Fajardo y Edna Bonilla presentaron hoy en Bogotá su propuesta de Educación para ejecutar durante su gobierno a partir del próximo 7 de agosto, siempre que suceda tan anhelada victoria en las elecciones presidenciales. Su Propuesta, <<Colombia, la + Educada>>, que así se llama, sigue la tradición ya probada como Alcalde de Medellín (2004-2008) y Gobernador de Antioquia (2012-2016), que fueron ejercicios, como en efecto se puede demostrar, de gobierno pulcro y eficiente que estuvieron plenos de realizaciones y metas cumplidas, tal como se espera que sea todo proceso transformador.

Pues bien, resultó que el acto hoy, aparte de su contenido temático, que merece todos tipo de consideraciones, estuvo lleno de buenos contrastes, mismos que marcan de nuevo una fuerte pauta diferenciadora con respecto a todo lo visto hasta ahora en las otras campañas y los demás candidatos. Comenzando porque se hizo en el recinto de una universidad, que además es muy popular en Bogotá[1], no de clase alta, no del top ten del círculo académico colombiano, pero sí una de las más sólidas y mejor consolidadas de los tiempos recientes en la tarea de llevar educación superior a jóvenes provenientes de las clases populares. Una universidad que hace su tarea bien hecha.

No se hizo el anuncio en plaza pública, al más rancio estilo practicado por algunos candidatos, sino en un ambiente de estudio dominado por docentes y estudiantes que siguieron con interés la ilustrada explicación de los dos “profes” que aspiran llegar a la máxima magistratura del Estado. Y presentaron su propuesta en equipo, como fórmula que son, porque así debe ser, no en solitario sino como parte vital del equipo de Gobierno, a diferencia de lo que ha llegado a verse en repetidas oportunidades con los demás candidatos, como si se permitiera pensar que los vicepresidentes son “figuras de segunda” que no tienen papel relevante en el debate. Con Fajardo y Bonilla se está viendo esa diferencia real en lo que ellos mismos llaman “la forma de hacer política”, porque están juntos y enfrentan juntos la responsabilidad de convencer al país de que la suya es una buena propuesta política. Es más, se siente como que son los únicos que tienen una, porque ya sabemos que los demás están dedicados a la confrontación estéril sin llegar a “nada concreto sobre lo que será su gobierno si es que llegan a ganar”. Siempre tendrá Fajardo, y ahora Edna, una forma refrescante de demostrar cómo se puede hacer política sin necesidad de acudir a la “payasada”, o a la procacidad, o al insulto deliberado, o a la amenaza, o a posturas arrogantes e infectadas de soberbia que denotan irrespeto y desprecio por los contrarios. A cada candidato aplica algo de lo que acabo de decir. Que cada quien entienda lo que le corresponde.

Pero en la Propuesta educacional de Fajardo, que, como he dicho, es la única seria que se ha visto hasta ahora, hay elementos que llaman poderosamente la atención y que no son asunto menor. A diferencia de todo lo que se ha escuchado siempre en boca de políticos mal preparados y acaso irresponsables, como puede ser aquello del “aumento de los cupos escolares”, o “la jugosa inversión inmediata para mejorar la infraestructura”, o “el incremento de la planta de personal de docentes”, o la “feria de las becas para los más pobres, apenas para traer a la memoria algunas de esas “afirmaciones de portafolio”, la propuesta Fajardo-Bonilla se centra en la persona, es decir, en el ser humano en cada forma como hace parte del esquema educacional, para que a partir de la “acción integral y bien ordenada del Estado”, decidido esto en forma de política pública concreta y efectiva, se llegue a mejorar la condición de cada quién y “se dignifique” su paso por el sistema educacional, bien sea como estudiante desde su ingreso en primera infancia hasta cuando es egresado al sistema laboral en pleno acopio de todos los requisitos formativos que puede requerir para su vida profesional y laboral; o acaso como docente, para garantizar su preparación profesional y su estabilidad laboral, de modo que exista el mejor compromiso y desempeño en la educación de calidad; o tal vez como padre y madre de uno o varios sujetos que son su familia y que habrán de recibir una formación de calidad para llegar a ser personas de bien en la vida. Sonará atrevido, de repente romántico, acaso iluso, pero es un vuelco magistral en el enfoque de lo que debe ser la educación en un país en donde los jóvenes necesitan ir a la escuela y no a la guerra.  

Desde la acción ordenada del Estado en ejes estratégicos que se constituyen en tarea obligatoria, ordenadores a su vez de política pública, deberá producirse un efecto transformador que debe llevar la juventud del país a escenarios de vida mucho mejores para todos:

  • “Que ningún niño comience su vida educacional perdiendo”, lo cual quiere decir que ninguno habrá de tener menos oportunidades que los demás. Implica para el Estado una labor de “ajuste y equilibrio” que asegurará para todos los niños y niñas su paso por la enseñanza en primera infancia, así como el aseguramiento de condiciones óptimas en cualquiera de las etapas de la Educación hasta que el joven termine su formación.
  • “Que ningún niño o adolescente abandone la escuela”. La escuela no debe perder a ninguno de sus estudiantes. La deserción escolar debe terminar, y será responsabilidad de cada institución el acogerles a todos desde el principio, promover en ellos el estudio, enamorarles del proceso, orientarles y llevarles hasta el final.
  • “Que ningún docente se sienta ajeno y desprotegido por el Estado”. Los docentes serán la fuerza transformadora que hace que cada persona que llega a la escuela, cada sujeto en formación, reciba lo mejor de su maestro, de modo que habrá de ser promovido, educado, auxiliado cuando así lo requiera, para que su labor como educador sea de lo mejor y rinda frutos.
  • “Que la comunidad haga parte del sistema” en cuanto es un vigía de la calidad. Su tarea de la sociedad está en lograr una sincronía de apoyo con las instituciones y el docente para promover resultados satisfactorios en cada estudiante, y en consecuencia vigilar su desenvolvimiento.     

Como se puede ver, no se habla necesariamente de “cupos escolares”, o de la “gratuidad en la matrícula”, porque se sabe que son asuntos que siempre van a estar en la agenda de gobierno, y en cambio se ahonda en la transformación del elemento humano que integra el sistema: estudiantes – docentes – comunidad, y se ocupa en cada caso de proponer avances transformadores que elevarán el nivel de resultados y harán de Colombia “la más educada”. Los jóvenes vivirán en su paso por la escuela los mejores momentos de su vida temprana; el cuerpo docente gozará de condiciones óptimas para cumplir su tarea educadora con renovados elementos de ciencia y tecnología; la comunidad se unirá para hacer parte del mejoramiento de sus propias escuelas y colegios, sabiendo que es allí donde las niñas y los niños estarán más seguros y felices.  

No será una tarea liviana, ni mucho menos. Será necesario realizar profundas evaluaciones iniciales de estado, no con el ánimo de “castigar o echar al fuego” a nadie, sino con el propósito de saber, sin asomo de dudas o inexactitudes, en qué nivel se encuentra cada escuela, cada colegio en cada municipio, para proponer metas y establecer compromisos creíbles. Esa “línea de base” servirá para medir los resultados alcanzados a la vuelta de cada año de gobierno y medir, ahora sí, el efecto transformador de la acción de gobierno. Por consiguiente, no será el presupuesto y el concepto del “gasto público” el parámetro para la evaluación del impacto y los resultados, porque se asume que los recursos previstos deben ejecutarse en su totalidad y en perfecta pulcritud, sino el conjunto de resultados logrados en función de la tarea educativa y las señales de desempeño que muestran los estudiantes. He aquí una evaluación por resultados de orden humano para la cual el país tendrá que entrar en un profundo proceso de transformación. La educación será una variable de gestión de gobierno bajo máxima exigencia, porque “es lo que sucede a la gente lo que realmente importa”. Son los “cambios para bien” lo que realmente sirve para medir la buena gestión del Estado. 

Y tampoco será una tarea barata. La Educación, con mayúscula, se ha convertido durante los últimos gobiernos en “el trapo de limpiar los caños”, en tanto se le niega el presupuesto que requiere para ponerse al nivel de los tiempos modernos. Bajo esa práctica absurda de “recortar presupuesto” es entendible que la infraestructura de escuelas y colegios en los territorios se quede rezagada y amenace con caer sobre los propios estudiantes; pero así mismo que haya rezago en la vinculación de docentes, y que tampoco el sistema sea muy diligente en el ajuste de salarios. Por esa misma vía se recortan los recursos de alimentación escolar, o se eliminan los recursos para transporte escolar, todo lo cual hace harto difícil la existencia de quienes han de pasar tantas horas de su día en el recinto de la escuela.  Hablamos, por supuesto, de la franja pública del sistema de educación, que constituye una de las primeras responsabilidades del Estado, de allí la importancia de la propuesta que Fajardo y Bonilla le han entregado al país esta mañana, y de allí mismo la necesidad de elegir un gobierno serio y responsable para ejecutarla.   

¿Y si no es la propuesta de Fajardo, entonces la de quién, si ninguno de los candidatos habla de ese tema tan fundamental para el país? Nos referimos a quienes van arriba en las encuestas, por supuesto, porque los que están en el sótano no tienen forma de ser escuchados.  

Si los aspirantes a Presidente no hablan de ello, ¿terminará el país eligiendo alguien que no tiene ni idea del tema?

¿Podrá el país calcular el daño que se hace a sí mismo al elegir un Presidente impreparado para gobernar sobre asunto tan crucial, como es la preparación de las juventudes que deben asumir en algún momento futuro los asuntos de la Nación?

La sana euforia que despierta el escuchar una oferta clara y coherente como <<Colombia la + Educada>> se desvanece cuando se toma nota de la pobreza del mensaje de quienes salen adelante cada semana en las encuestas de “intención de voto”. Si fueran tantito serios y responsables con el país, ya deberían estar dando a conocer sus ideas de gobierno para cuando sea llegado el 7 de agosto, si es que finalmente llegan a ganar las elecciones.  Pero no, no es su plan. El plan de uno es “derrotar a la derecha oligárquica”, porque así cumple su propósito personal de “encaramar una hegemonía de izquierda” que se apodere del Estado y prolongue el festín que inició el Presidente Petro. El plan de otro es “derrotar a la izquierda y todo lo que representa”, porque en su acentuada megalomanía se ve como el “salvador” que puede librar el país de otro gobierno de izquierda. No llegan más allá.  

¿Tendrán algo serio para proponerle al país, aparte de violencia de Estado, represión y abuso del poder?

Colombia necesita propuestas del calibre de la que hemos hablado, y no solo en Educación, Salud, Juventudes, Mujer trabajadora, Seguridad, que son las que le henos escuchado a Fajardo sino en todos los campos de la vida nacional. Para ello es que alguien se hace elegir Presidente.

Lo que no se puede esperar es que, como resultado de esta falta de visión de futuro en los candidatos, la prioridad de la educación se pierda de vista y termine el país siendo testigo de la forma cómo su juventud abandone definitivamente la escuela y se arma para ir a buscar su futuro en medio de las mafias del narcotráfico, la delincuencia organizada y la desgracia de la guerra.

25 días para reflexionar…

 

 

Arturo Moncaleano Archila

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[1] Universidad Minuto de Dios. Fundada en 1990 por el Padre Rafael García-Herreros. Cuenta hoy con Programas profesionales de Pregrado y Posgrado y es líder en educación tecnológica. Registra 91.400 estudiantes en pregrado, 6.100 en Posgrado y 2.500 en otros niveles. Tiene sede en 8 municipios de la Región Orinoquia- Amazonia; 7 municipios de los santanderes; 12 municipios de Cundinamarca-Boyacá; 5 municipios del Caribe; 8 municipios de Antioquia- Chocó; 7 municipios en Tolima- Huila; 11 municipios en Centro- Occidente; y 5 sedes en Bogotá.

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