¿PARA QUE LA DIPLOMACIA?

La diplomacia es la ciencia que estudia las relaciones, internacionales y los intereses, entre naciones. La importancia del objeto diplomático, radica en la versatilidad, de las funciones que desempeñan quienes ejercen como agentes o agregados diplomáticos, en torno a las misiones y gestiones que ordenen desde la Cancillería. De aquí parte el concepto que define e identifica el termino diplomacia, que puede ser, directa, bilateral o multilateral.

En Colombia, se maneja una diplomacia, de consolación y complacencias, en comodines politiqueros, distantes del objeto, generales y especiales, que la caracteriza. Los cargos diplomáticos, están siendo utilizado, para veranear, emprender estudios académicos o ajustar pensiones, entre tantos beneficios personales aprovechados, con ocasión en la designación.

Colombia tiene 65 Embajadas y más de un centenar de consulados, con mayor cantidad en Venezuela y EE.UU, que le cuesta más de 10 millones de dólares mensuales, del presupuesto nacional en equivalente a medio billón de pesos anual, que no es mucho, comparado con otras naciones, que invierten en negocios diplomáticos. ¿Pero qué resultados arrojan esos funcionarios de embajadas y consulados, en beneficio nacional? ¿Apostillar y autenticar documentos y atender situaciones particulares de nativos en el exterior? La diplomacia debe percibirse en intereses, materializados con intercambios: cultural, artístico, comercial, deportivos, militar y en general de servicios; que sean de utilidad y beneficios mutuos. Si 30 de 65 embajadas, reportaran anualmente, relaciones de hechos relevantes, diferentes de tramites rutinarios, positivos para Colombia, fuera magnifico y meritorio. ¿Que reportan?

De nada sirve utilizar los cargos diplomáticos, para pagar favores políticos, cuotas correspondientes a partidos, que postulan para que ocupen esos cargos, algunos de los que no salieron triunfantes en listas o se ahogaron, para que lo nombren, por un término de cinco años. Nada más, para que devenguen salarios bien pago, conozca y disfrute en otros países, a costa de Estado, halagando interés personal.

La diplomacia es la fortaleza exterior de una nación, tendiente a cumplir misiones a través de sus agentes diplomáticos, diferentes a funciones burócratas administrativos, para efecto de negociar, promover, ofertar servicios y apoyarse, mediante acuerdos y convenios, en celebraciones contractuales y eventos internacionales.

La administración del nuevo presidente Gustavo Petro Urrego, debe colocar la diplomacia en su lugar, con mejor trato y adecuación, para que sea efectiva, activándolas, en programas y relaciones: humana, comerciales, culturales, de servicios y finanzas; implementando correlaciones, que garanticen: confianza y seguridad, en la política de mercadeos, ofertas y demandas, para exportar e importar. Las naciones pueden celebrar convenios de servicio laboral, temporales o permanente, ofreciendo personal, técnico, profesional, auxiliares y servicios varios; a naciones que los necesiten. De igual forma, con las compra-ventas, de productos, artículos y servicios.

 En Alemania está solicitando con urgencia personal dentistas, para la elaboración de piezas dentales que requieren odontólogos. En Colombia, debemos tener muchos y algunos sin trabajo, pero nos encontramos desconectados con el mundo exterior. EE.UU oferta cuatro millones, en puestos de trabajo. Igual, hay ofertas en Canadá, Italia y naciones europeas.  Se necesita designar muchos agentes diplomáticos, en diferentes frentes y distintas acciones, misiones y operaciones, de: productividad, competitiva y repercusiones positivas. Una diplomacia pasiva e ineficiente, debe ser aburrida, aun cuando gocen, de eventualidad social, cocteles e invitaciones privadas.

El TLC es la muestra de cómo nos quedamos relegados en la competencia comercial, que nos ha llevado al desajuste y quiebra, por causas de volúmenes de importaciones de productos subsidiados y falta de orientaciones informativas, para prevenciones, apoyos, defensa y direccionamientos. La invasión de productos con precios más bajos, desmotivaron la producción interna, sobre todos, la agrícola. Aunque los precios se han disparados, con el cambio de moneda, los productos importados, no tienen competencias, que espanten y preocupen.

No podemos tener diplomacia, de “corbata” y ocioso, minimizada o sin gran valor. Se requiere de actualización y gestión, diplomática con perfil móvil, materializado, en compromisos, consolidaciones, conexiones y balances; de resultados anuales proyectados, que constituyan fuentes de incrementos económicos, para la nación o sirva de transformaciones, en estilos, tradiciones y costumbres. No desperdicien y aprovéchese, las buenas relaciones internacionales, en asuntos: políticos, cultural, turístico, industrial, laboral, académico, comercial etc.

 

Martín Barros Choles

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